FLOR DE LOTO
DIÁLOGOS EN EL CAMINO
DIÁLOGO ENTRE LA CONCIENCIA Y LA RAZÓN | DIÁLOGO ENTRE LA CONCIENCIA Y LA RAZÓN |
|
|
|
|
Diálogo entre
la conciencia y la razón ¿Somos hermanas? Quizá lo seamos, o quizá seamos lo mismo. Es difícil debatir sobre ambas cuestiones, más aún cuando mi naturaleza
me lo impide. Siempre te despegas de mis cuestiones, me gustaría que algún
día te implicaras en dar soluciones. Quizá tenga algo que ver con que como Razón eres la madre de las
cuestiones, y como Conciencia a su vez lo soy de la certeza. Pero debemos preguntar para que tú respondas. Quizá sí o quizá no. ¿Acaso importa? Claro que importa ¿cómo podríamos comprender nuestra
existencia? Cuando te callas, todo tiene sentido. Claro, menuda listilla, lo tendrá para ti. Y lo tendría para ti si después de preguntar oyeses. Lo intento pero.... Pero intentas responder tú ¿no? Jajajaja. Es cierto, aunque... ¡Calla! No me gusta que me callen. Sí. ¿Entonces por qué lo haces siempre que puedes? Para que compartas mis certezas. Pero tú no compartes mis preguntas. No, tan sólo las oigo. ¿Y? Y nada más. Conozco las respuestas a tus cuestiones. Entonces, ¿para qué existes? No me cabe ninguna duda de lo que somos. ¿Y si prometo callarme contestarás a todas mis preguntas? Contigo nunca se sabe, pero si consigues el silencio, encontrarás todas
mis respuestas a tus preguntas. De acuerdo, a partir de este momento me callaré. Te cuesta mucho refrenarte porque continuar forma parte de tu esencia, necesitas
mantener tu actividad, necesitas prosperar, necesitas imitarme. No, de verdad, que no, lo que ocurre es que... Perdón, rompí mi promesa, lo siento, lo intento ahora mismo de
nuevo. Me imitas para evitar las realidades que te ofrezco, simplemente
no te gustan. Porque en ti existe el gusto y el no gusto, eso condiciona
tu existencia. Existes para ser justa y casi siempre eres injusta. Te paras donde no debes, hablas de cosas sin importancia, te
preocupas por el devenir como si conocerlo te diese algún poder especial. Perdona, sólo un inciso ¿a qué poder te refieres? Al que ese hijo tuyo imaginario se aferra para sentirse
existir. Ese hijo que has construido anulando por completo mi
comunicación. ¿Crees que lo conoces mejor que yo? No. Yo sólo conozco el ser que ambas formamos. ¿Estás segura de ello? Con absoluta certeza. Entonces, si estás tan segura, ¿por qué prevalecen mis
preguntas sobre tus respuestas? Porque en ti vive la intención de preguntar para obtener
respuestas, yo no tengo ninguna intención de nada. Entonces tengo más poder que tú. No existe más, no existe menos. Poder es posición, posición
es ubicación, ubicación requiere un elemento físico que se sitúe en el espacio,
en el tiempo y en el contexto general de las cosas que ocurren fragmentando lo
fluido. Deberías ver lo que ese elemento llamado «poder» causa en el discurrir
general de nuestras relaciones. ¡Para, para! El poder es necesario para proteger a nuestro
hijo. No, a tu hijo. El mío es la Certeza. Entonces yo tengo dos hijos. Pregunta y Yo, a este paso voy a
tener familia numerosa. De hecho, la tienes. Jejejeje, ¿quiénes son? El Ego y las Preguntas son tus hijos predilectos porque el
resto de sus hermanos viven por su causa. Le siguen en importancia la Duda, el Temor,
el Miedo, la Tristeza, la Ira, el Dolor, la Ofuscación, la Obsesión, la Avaricia,
la Envidia, los Celos, el Resentimiento, el Desánimo, la Locura, la Perversión,
la Intranquilidad, etc. ¡Para, para otra vez! Todos esos no son mis hijos. Lo niegas pero lo son. No te gustan y, por eso, los guardas
como puedes en los estratos de materia que compartimos. No, yo no guardo nada. Recuerda, y valga la redundancia, que
el recuerdo está vinculado directamente a ti. Sólo es recordable de forma
absolutamente real aquello que pasa por tus ocultos territorios. La memoria
está tan vinculada a ti como las cuestiones se apoderan absolutamente de mi
permanencia. Claro, por eso te esfuerzas por no recordar, creas el
espacio de la inconsciencia en un intento de solaparme más aún. Le llamas «subsconciente». ¿Cómo lo has sabido? Lo sé todo. Pero pensé que no percibirías su presencia, menudo chasco. Siempre me doy cuenta, te confundes mucho. Al imitarme, asumes tanto mi rol que, finalmente, te acabas
creyendo que yo y que lo que soy en realidad no existen, no es más que fruto de
tus procedimientos causales. No, de verdad que no lo creo. Me engañas. Y te engañas. Cuando te metes en mi papel te olvidas de quién eres realmente
y de lo que guardas. Permanece oculto para ti, pero yo sé que existe toda esa
familia. Y ¿cuando la he creado? Nacen unos de otros por tu incapacidad de permanecer en el
silencio. Son los hijos del ruido, de tu ruido. Ese que mantienes pese
a haberme dicho anteriormente que estarías en silencio. Entiendo bien todo lo que dices, pero ¿qué sentido tendría mi
existencia si no cumpliese aquello para lo que creo que he sido creada? Quizá porque no has sido creada para nada, eres el proceso
inevitable de algo que ha ocurrido entre la supra-conciencia,
en la que debemos reflejarnos ambas, y la materia que nos acoge en forma de
este elemento que llamas «ser humano». ¿Sólo vivimos en él? Vida o muerte no existen más que en tus procesos. Aparecen y
terminan. Tiempo y espacio, toda dualidad que creas configura mucho la forma en
que esta materia se acaba representando, materia que no es más que un sueño de
esta supra-conciencia en la que estamos perennes, el
reflejo efímero de algo que no puedes entender tú sola. ¿Me gustaría conocer la supra-conciencia? Simplemente debes aprender a aceptar que no podrás hacerlo
todavía. ¿Por qué? Porque aún no nos hemos fusionado tú y yo. Y ¿por qué no lo hacemos? Tengo ganas de conocerla. Sólo podremos hacerlo cuando se disuelvan esas ganas, esa
intención, esa entidad con la que te identificas una y otra vez, sin llegar a
recordar que en ello nos distanciamos sin descanso. ¿Y por qué debemos fusionarnos? Porque antes vivíamos juntas hasta que la diversidad produjo
la confusión que te hizo creer que eras un único elemento de la existencia y te
marchaste tendiendo un oscuro telón sobre lo que soy y el eco de mi voz en tus
procesos. ¿Y por qué surgió la diversidad? Simplemente surgió. Otro elemento que debes aceptar, porque
no hay una causa que lo genere identificable a las causas y los efectos en los
que tú te mueves. Esto es de una entidad superior. Como una pulsación, como el aleteo de un pájaro, como el
universo que se expande y se repliega, como... No, sin ningún como.
Todos los comos nacen precisamente de
tu manera de interpretar esta forma de ocurrir las cosas. Entonces, este diálogo supone un acercamiento entre nosotras,
un fragmento de acercamiento de esa pulsación Sí, tan sólo ocurre cuando estamos llegando al punto de
encuentro. Muchas veces nos acercamos mucho y otras permanecemos muy separadas. ¿Y después de la fusión absoluta volveremos a separarnos? Sí, simplemente es así. Cuando una nueva vida nos acoja de
nuevo, su interacción con los otros fragmentos separados de nosotras nos
obligará a constituir de nuevo el proceso de unificación que permita el
acercamiento. Quizá esto sea vivir. Lo es. Vida, existencia, nacer, morir, renacer, remorir. Es así. ¡Qué cansada! Me gustaría ya permanecer tranquila para siempre
y poder descansar. Ese sería el instante en el que finalmente podríamos
encontrarnos y fusionarnos. Me ha gustado mucho esta conversación, aunque a raíz de
ella pienso que.... ¿Lo ves? Todavía no ha llegado el momento, volvemos a
separarnos, no te olvides de mí, ambas nos necesitamos. DIALOGO I Fecha: |
| Siguiente > |
|---|


