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SER Y ACCIÓN, ACCIÓN Y NO SER PDF Imprimir E-Mail

SER Y NO ACCIÓN, ACCIÓN Y NO SER

 

Aún me duelen las piernas desde la última sesión. ¿Es normal que siempre me acaben doliendo las piernas?

¿Qué tipo de dolor sientes?

Bueno, es una mezcla de agujetas, cansancio y dolor, un dolor extrañamente agradable.

Entonces no estamos hablando de dolor. El dolor nunca es agradable.

¿Cómo puedo llamar pues a esta sensación?

Siempre buscando definiciones. Puedes llamarla sensación post entrenamiento.

No siempre busco definiciones, «siempre» me invita a que mantenga una actitud reflexiva sobre el entrenamiento.

Pero ¿qué tiene que ver esto con reflexionar sobre el entrenamiento?

Hombre, el que me duelan las piernas después de entrenar relaciona la sensación con la acción que he realizado ¿no?

Sí, es evidente que tu sensación de después del entrenamiento es la sensación de después del entrenamiento.

Esto me cansa. A veces me resulta muy difícil plantearle mis cuestiones, es más, temo hacerlo viendo lo que se me suele venir encima.

En ese caso no las hagas.

No se enfade, para eso vengo aquí. Para charlar, comprender, entrenar, etc.

¿etc.?

Sí, vamos, para crecer como individuo el máximo posible.

Creo que hoy hablaremos un buen rato antes del entrenamiento.

¿Por qué?

Porque no estás vacío y entrenar en esas circunstancias no es recomendable.

Venga hombre, ¿quién se puede permitir el lujo de llegar vacío al momento del entrenamiento? La vida está llena de problemas mundanos que no nos permiten llegar limpitos, inmaculados, serenos. Quizá tendríamos que prepararnos todo el día para el momento del entrenamiento.

Hazlo entonces, tú mismo conoces la fórmula. Me la acabas de decir.

¿No pretenderá que esté todo el día pensando en el momento del entrenamiento? ¿Acaso no sería esa una forma de «perderse la vida», como usted suele decir?

No me has entendido. La vida no tiene por qué diferir del entrenamiento. Ambos deben coexistir sin antagonismos.

Bellas palabras, difícil acción.

La belleza de las palabras reside en la capacidad que tienen de manifestar algo que se siente o que se realiza verdaderamente. De nada sirve hablar si nuestras palabras no manifiestan lo que vivimos, lo que sentimos, lo que pensamos.

¿En ese orden?

¿Qué más da el orden? Lo importante es que vivamos de acuerdo a nuestros pensamientos y que éstos estén siempre guiados por nuestros más puros y nobles sentimientos. En cualquier parte de la cadena se puede romper esta armonía y entonces el desastre será inevitable.

Siguiendo esta manera de pensar ¿por qué entonces mantenemos el silencio unos instantes antes de entrenar? Según sus teorías tendríamos que estar dispuestos y preparados para el entrenamiento en cualquier momento.

No me refiero a nuestra disposición general. Cuando te digo que existe demasiada diferencia entre el antes y el después del entrenamiento me refiero a que vivimos dos vidas y no permitimos, en la mayoría de los casos, que lo que el entrenamiento nos otorga y la productividad de todo el proceso en el que invertimos tanto tiempo y esfuerzo, se manifieste en nuestra vida diaria. Vivimos dos mundos. El del artista marcial que entrena y se prepara para un combate que quizás nunca tendrá lugar y el de una persona que vive en el mundo a merced de los acontecimientos que el devenir le depara y ante el que reacciona como puede, sin utilizar los principios universales que se trabajan en la sala de entrenamiento.

Eso resulta muy complicado. Usted plantea una vía de no pensamiento, de no acción, de no reacción en nuestras reacciones cotidianas. Sin embargo, en el entrenamiento hablamos precisamente de ajustar el pensamiento para planificar estrategias ante determinadas situaciones, hablamos de reaccionar antes de que la intención del oponente se manifieste en el más mínimo movimiento de su cuerpo, de actuar siempre de manera determinada y decidida. ¿Cómo podemos conjugar en la vida estas dos ideas tan distintas?

Muy diversas son las motivaciones que llevan a las personas a practicar artes marciales. Creo que no me entendiste cuando hablamos de la no acción, intentaré perfilar un poco más la idea que intento transmitirte.

Al inicio del entrenamiento, es evidente que en nuestra conciencia, en nuestro intelecto más o menos evolucionado, tenemos una desproporción de afinidades, de influencias. Por una parte, tenemos lo que aprendemos unas tres veces a la semana y, por otra, tenemos lo que hemos estado recibiendo del mundo durante toda nuestra vida. Esta desproporción nos complica mucho las posibilidades de reconducir nuestra existencia integrando los elementos que nos propone ese virus circunstancial que representan los principios de las artes marciales.

Asumir la realidad de lo que somos, de cómo actuamos es el primer paso del camino. Saber lo que tenemos es primordial para poder actuar sobre ello, aunque esa idea de acción sea diferente a la que en este momento te estás imaginando.

¿Ya estamos leyendo el pensamiento?

A veces no tengo que leer nada, tu mirada me lo da y no puedo evitar percibir lo que piensas. Pero no nos desviemos de la línea en la que estábamos. ¿Nunca te has preguntado por qué entrenas conmigo?

Sí, todos los días antes de venir a su casa.

¿De dónde nace esa pregunta?

Nace de diferentes pensamientos. El primero de ellos es precisamente el origen de nuestra conversación. Me planteo si merece la pena tanto esfuerzo. Por otra parte, la mayoría de las veces, preferiría irme de compras o a tomar algo con algún amigo. También pienso que resulta ridículo practicar algo que no puedo utilizar.

Ahí quería llegar. Muchos practicantes abandonan el entrenamiento por esa depresión. El inicio de la depresión es no tener una determinación por caminar hacia alguna parte, no darle un sentido a lo que se hace. Pero en el caso del entrenamiento, el desánimo parte desde diferentes puertos. Tú has enumerado de una manera muy explicativa la mayoría de esos factores. Cansancio físico, ofertas más lúdicas y por lo tanto más interesantes... y sentido, quizá el elemento más importante de todo, «el sentido».

Ahora me gustaría que te preguntaras por qué, si sientes todo eso, finalmente, aunque nadie te obligue, cruzas la puerta de mi casa y entrenas bajo mi dirección en todo lo que te propongo.

Si le soy sincero, no lo sé. A veces creo que se puede tratar de puro masoquismo, que quizá vivimos una vida tan cómoda que necesitamos sufrir un poco para equilibrar nuestra propia conciencia.

No vayas por ahí. No hay nada de eso en el entrenamiento. Cuando cruzas esa puerta inicias un enfrentamiento contigo mismo. Entras porque una parte de ti quiere decidir, una parte que lucha contra la desidia, contra lo fácil, contra la necesidad de un sentido en lo que hacemos. Esa parte de ti que busca eso es fuerte. Es tan fuerte que se acaba imponiendo al resto y finalmente das el paso que te lleva a tu camino.

Puedo estar de acuerdo con usted, pero sigue sin existir una explicación lógica. Esa parte de mí también soy yo.

Sí, de eso hablamos hace muy poco. Lo importante es que comprendas que andas el camino porque lo tienes que andar.

¿No decido?

En absoluto, decides, rotundamente decides. Tomas en tus manos las diferentes opciones que la vida te plantea y, sin embargo, optas por la más sacrificada en ese momento. Eso es una decisión en toda regla. Ahora bien, cuando uno consigue vencer esa primera barrera, la barrera de lo sencillo, de lo cómodo, de lo sin esfuerzo, cuando esa parte de nosotros se impone al resto, tenemos un momento precioso para darle energías a ese espacio de nuestro espíritu. Ese es el momento de callar la mente, de dejar que esa determinación que nos ha llevado hasta la sala de entrenamiento ocupe por completo nuestro ser y se entregue a la práctica cuya última finalidad es la de purificar nuestra energía más tangible hasta llevarnos al puro espíritu.

Y ¿dónde queda la defensa personal, la técnica, la acción / reacción? Y lo que es más, ¿cómo vamos luego a salvar el antagonismo conceptual de acción / no acción al que me refería antes?

Vamos a empezar desde ese momento de silencio. Ese instante en el que intentamos callar al pensamiento y nos regocijamos en nuestra victoria sobre lo terrenal, en ese pequeño instante se abre ante nosotros toda el alma que contenemos. Tenemos a nuestro peor enemigo delante de nosotros, nosotros mismos. Es el momento de trabajar profundamente para comprendernos. ¿Qué son las artes marciales?

Analicemos esta cuestión. Las artes marciales tienen la finalidad de enseñar al individuo la falta de sinceridad que tiene consigo mismo. Son un medio a través del cual nos enfrentamos a nuestros miedos, nuestras incertidumbres, nuestra incapacidad de relacionarnos de forma sincera. Son un medio para mover el cuerpo en unos patrones que desbloquean aspectos corporales que abren las puertas de la sincera personalidad.

Creo que eso no es así en todos los casos.

Evidentemente. Están los artistas marciales y están las personas que practican artes marciales.

¿Cómo?

Es muy sencillo. El que estudia el contenido de un arte marcial, profundiza en su práctica, mantiene una actitud reflexiva sobre lo que trabaja, cómo lo trabaja y para qué lo trabaja, el que mantiene esa disposición, lo podemos llamar artista marcial. Ese es el que nos interesa. El que practica artes marciales de forma superficial, el que se contenta con llenar su mente de movimientos y se siente feliz por conocerlos pese a no sentir interiormente nada de lo que está haciendo, ese no puede ser llamado artista marcial. No difiere de una persona prolija en la lectura para alimentar sus contenidos exteriorizables.

Vaya palabrita, ¿me la puede traducir?

Un contenido exteriorizable, desde mi punto de vista, es todo aquel elemento que abordamos en el aprendizaje o en el conocimiento con un único fin, utilizarlo como elemento de refuerzo de la imagen de nuestro ego o de nuestra personalidad inducida para posicionarnos de alguna forma en nuestra idea de un grupo, lejos de abordar ese conocimiento para un crecimiento del conocimiento personal que permita perfilar y perfeccionar nuestras propias ideas y convicciones particulares ante la vida.

Creo que todos hacemos un poco de eso.

Cierto, todos lo hacemos, pero algunos mucho más que otros. En el caso de las artes marciales no hablamos de algo que podamos poseer. No es un objeto que se pueda guardar y enseñar a nuestros vecinos o amigos cuando llegan a casa. La práctica de las artes marciales es la práctica de la soledad para la convivencia pura con todos. Si la exhibimos, si la mostramos como un objeto que poseemos y que otros no poseen, entonces no será diferente de un coche, un libro o una alfombra nueva en nuestra casa.

Entonces nosotros somos los que le damos sentido a la práctica. Si la asumimos a lo artista marcial tendrá un carácter y si lo asumimos a modo de coleccionistas de contenidos exteriorizables, se convierte en una cosa.

Exacto. Tenemos que huir de las «cosas» para abordar la esencia lejos de toda materia.

En ese punto entra en juego la no acción.

No, ya estás disparado. La idea de la no acción en las artes marciales parte también de diferentes puertos. No actuar es no intervenir en un proceso que intenta arrastrarnos hacia una espiral. Cuando tenemos la claridad de pensamiento justa, cuando nuestra percepción de la situación es clara, cristalina, en ese momento podemos establecer nuestra determinación por no intervenir porque sabemos hasta dónde puede llegar un único gramo de acción en la balanza equivocada.

Sí, pero ¿cómo conjugo acción con no acción?

Comprendiendo. Entrenas para tener la capacidad de actuar con la determinación que la situación lo requiera, pero decides no intervenir en procesos que te llevarían inevitablemente a posibilidades en las que la acción sería insalvable.

Esto se ha espesado demasiado.

No, no es espeso. La estrategia precede a la acción. El entrenamiento sobre la acción te permite sensibilizar tu percepción de ésta. Comprender qué es la acción. Cuándo se produce, qué elementos se manifiestan antes, durante y después de ella. Esta visión clara de la acción te permite mantenerte al margen de caminos que te arrastren. Te da la libertad de alejarte del conflicto. Te permite, sobre todo, no actuar y esa no acción es definitivamente la acción que el artista marcial busca.

Creo que empiezo a comprender. Demasiado por hoy, ¿entrenamos?

¿Te duelen las piernas?

Jejejeje.

 

 

 

 

 
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