FLOR DE LOTO
DIÁLOGOS EN EL CAMINO
LA NATURALEZA ILUSORIA DE LOS DESEOS | LA NATURALEZA ILUSORIA DE LOS DESEOS |
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LA NATURALEZA ILUSORIA
DE LOS DESEOS Que día más triste hace. En
ocasiones siento como mi ánimo se entristece a la par que decrece la luz que
nos llega del cielo. Odio las nubes, me gustaría vivir en una primavera eterna. ¿Por qué no lo hace? ¿Acaso no es evidente? No
puedo gobernar los elementos del cielo. Si está nublado está nublado y ya está.
¿Qué puede hacer un simple mortal para cambiar eso? A veces pienso que me toma
el pelo con sus preguntas. ¿Por eso vienes a verme todas las semanas? Si le soy sincero, no sé bien porque vengo a verle.
La mayoría de las veces que vengo me suelo marchar con más preguntas que
respuestas. Pero, ¿son nuevas preguntas o siguen sin aclararse las dudas que motivaron tu visita? No lo sé. Suelo tener
sensaciones extrañas. Por un lado me voy con la sensación de que ha aclarado
cuestiones muy importantes para mí, pero por otro, y esto terminará haciendo
que deje de visitarle, siempre siento que se han presentado muchas más
cuestiones a raíz de sus respuestas. Claro. Decides abrir la caja de Pandora y después no quieres que los vientos desbaraten tu peinado. Sí, pero no tengo la
sensación de haber abierto nada. Tan sólo me limito a exponerle mis dudas
existenciales y recibo más dudas. Deja pues de preguntar y asunto solucionado. Sí claro, que fácil
decirlo. Sabe de sobra que estas cuestiones que comparto con usted viven
profundamente aferradas a mí. Ya deberías cambiar esa idea del aferramiento de las cuestiones. Las preguntas no tienen entidad propia, las creas y las aferras tú. Las cuestiones importantes de descifrar son aquellas que afectan al alma. Aquellas cuestiones que necesitamos solventar para poder avanzar en el camino hacia nuestro destino. Encuentro muchas trabas en
mi camino. Tampoco sé por cuál empezar. En este caso, y perdone la osadía,
necesito hablarle sin disimulos, necesito soltar cosas que tengo en la cabeza
pero que, quizás, no supongan una pregunta por responder. Siento que necesito
compartirlas con alguien. Adelante. Siento deseos. Enormes deseos
que a veces puedo controlar y a veces no. ¿Los ha sentido alguna vez? ¿Crees que soy de otro planeta? Pues claro, aún los siento. Bueno, eso le sitúa muy
cerca de mí. ¿Acaso lo dudabas? No sé. Siempre le he visto
como un maestro y me desconcierta que pueda encontrarle en mi misma situación.
¿Cómo puede entonces ayudarme? No confundas los términos. En primer lugar, yo no creo que pueda ayudarte. Debes siempre buscar la ayuda dentro de ti. Lo más a lo que aspiro con estas conversaciones es a volcar en ti mis conclusiones y ver qué nace de esa siembra. La comunicación resulta imprescindible entre las personas para que el espíritu se manifieste. ¿Y cómo aborda esos deseos?
¿Cómo puede controlarlos? Los deseos, una vez creados, no son fáciles de controlar por varios motivos. Como criaturas nuestras que son, disponen de nuestra energía para autoalimentarse. Se aferran a un sentimiento, a una sensación, a un instante de tu corazón que los justifica. Pongamos un ejemplo. Cuando eras niño, ¿nunca lloraste por un juguete que tus padres no te querían comprar? Sí claro, creo que a todos nos ha pasado. No, a todos no. Piensa que hay otras culturas diferentes a la nuestra. Culturas que no nadan en la opulencia. Culturas en las que las necesidades «básicas» diarias no llegan nunca a cubrirse y que no existen juguetes por los que llorar. Bueno, se está poniendo
dramático. No, lo que ocurre es que, desde tu punto de vista, la situación es absolutamente dramática. Desde el mío lo es también pero con reservas. ¿A qué se refiere? Pues que yo tengo en cuenta para esa valoración mis experiencias personales relativas al deseo. Yo he ayunado hasta la hambruna y he trabajado físicamente hasta el agotamiento total. Conozco el sufrimiento humano extremo, tanto físico como mental. En ambos casos yo tuve mucho que ver. Y ¿qué tiene eso que ver
con todo esto? Desde mi perspectiva, la realidad de lo que te digo es mucho más espesa. Puedo ponerme en el lugar del que sufre en esas otras culturas y comprendo la ambigüedad de la palabra deseo. No creo que se trate de una
palabra que denote ambigüedad. Creo que tiene que ver con el mundo en el que
vivimos. ¿Pero crees que tu mundo y el de estas otras personas es diferente? Pues claro. A veces me
suelta unas que… venga siga. Vivimos en un mismo mundo. Uno plagado de injusticias de un tipo y otro de otras. En la injusticia que afecta a los que no cubren sus necesidades básicas mínimas, el deseo adquiere otro matiz. Se transforma en un reflejo de lo que se requiere para mantener la existencia material del individuo. Ese deseo es, aunque nos cueste reconocerlo, mucho más justificado que cualquier otro que podamos tener aquí en nuestra cultura del bienestar. También hemos luchado mucho
para tenerla ¿no? ¿Quién, tú? Bueno, yo directamente no,
pero pago mis impuestos y mis antepasados lucharon, sufrieron revoluciones
industriales, trabajaron mucho, algunos incluso tuvieron que emigrar para poder
vivir. Te equivocas. Por favor vuelve al presente y deja de lado, por lo menos el tiempo que dure tu visita a mi jardín, esos mensajes que nos repiten los políticos y los egoístas trascendentales que justifican lo injustificable. Tú has tenido la suerte o la desgracia de nacer en una sociedad estructurada de una forma concreta. Es una continuidad en un proceso de formación social y has aparecido, por fortuna o porque dios lo ha querido así, en un momento concreto de ese proceso de formación. En él dispones de una serie de comodidades que te permiten vivir sin conocer las carencias primordiales del existir. Bueno y qué puedo hacer,
¿no me voy a ir a África y morirme allí de hambre habiendo nacido aquí? Está claro que no, pero puedes ejercitar, con esa convicción de lo injusto, muchas cosas que sin esa claridad de pensamiento no podrías hacer. Puedes comprender que cualquier cosa que desees no es básica en esencia, es decir, puedes pasar sin ella. Que todos los deseos asociados a ese objeto, persona o acción son fruto de un proceso mental desvirtuado, inducido por los mecanismos sociales que mantienen los pilares de esta sociedad de consumo y de bienestar. Pare un poco el carro, no me interesa en absoluto la política. ¡Anda! ¡Y a mí menos! Pero me está hablando de
política. No, te hablo de personas y del origen y esencia del deseo. Una vez cubiertas las necesidades básicas del individuo todo lo demás resulta un entramado de intereses y de ideas y pensamientos materializados para la esclavitud de la humanidad. ¿Se da cuenta de lo que me
está diciendo? Creo que habla en un tono muy radical. No, mi tono es real no radical. Lo radical en extremo es la situación. ¿No te has preguntado nunca por qué hay tantas enfermedades mentales en nuestra sociedad en comparación con países más pobres? Pues si le soy sincero, no. Analízalo con detenimiento porque la respuesta es el principio de lo que pretendías compartir conmigo cuando empezamos a hablar. Un momento, si intenta
decirme que el caos y las desigualdades del mundo provienen del término deseo
creo que se pasa un poco. Quizá me paso un poco pero te puedo asegurar que lo hago en infravalorar la repercusión de ese elemento en la situación actual de la humanidad. Todo se basa en el deseo. Deseamos cosas que nos ofrecen mil veces a lo largo del día. Deseamos mejores viviendas, mejores vehículos, mejores parejas. Deseamos dinero, fama, riqueza, comodidad, belleza. Es natural ¿no? Desear es natural pero el poder que ese deseo ejerce sobre nosotros ya no lo es. Por culpa de esos deseos incontrolados existen las guerras desde el principio de los tiempos. Por culpa de ese deseo incontrolado existen las disputas territoriales. Por culpa de ese deseo esquilmamos el planeta para poder alimentar materialmente todo lo que se nos antoja o nos incitan a desear. ¿Quién nos incita a desear? La sociedad de consumo en la que participamos. Las empresas necesitan que tú consumas sus productos. Las personas que trabajan en esas empresas necesitan sus trabajos para poder pagar los deseos que otras empresas han insertado en sus mentes. Creo que otra vez se va a
los extremos. No, mírame fijamente. No estoy ofuscado con esta idea, tan sólo la observo desde la distancia e intento comprender por qué las cosas son como son. No entiendo que se tiren excedentes de comida cuando hay miles de personas que mueren de hambre todos los días. No entiendo que empresas que tienen importantísimos beneficios se permitan el lujo de despedir a sus trabajadores para mejorar aún más esa productividad. No entiendo que se fabriquen enfermedades y que los medicamentos imprescindibles para solventar las epidemias no lleguen de forma gratuita a quién más los necesita ¿Sabes cuántos niños mueren diariamente por motivos que se podrían solventar con facilidad si los países del primer mundo quisieran hacerlo? Me lo pone tan negro que
comienzo a sentirme mal. Siéntete mal. Es necesario que lo hagas. Comprende que participas de esta gran catástrofe del ser humano. Y qué propone para cambiar
la situación. Cambiarte a ti mismo. Comienza la revolución en tu persona. Comienza comprendiendo el sin sentido de la acumulación de cosas en nuestras vidas. Puedes iniciar este camino decidiendo dar en vez de pedir tanto. Convertir todos tus deseos materiales en un único deseo de justicia para las personas que sufren nuestra injusticia. Eso es muy bonito pero me
suena a principio de crisis mundial. Por favor. Las tres cuartas partes del mundo llevan sufriendo esa crisis hace cientos de años. ¿No entiendes que estás exponiendo el mensaje que nos han programado? Sí, pero la vida sin cosas
se convierte en algo bastante triste. No, por dios, no. La vida es hermosa. Hay belleza en las personas. Hay belleza en la amistad, en la comunicación. En el movimiento del cuerpo y en el amor. Hay belleza en las flores, en la playa, en la nieve, en las montañas. Hay belleza en la sonrisa sincera de un niño curado o alimentado. Hay belleza en todo lo que tú quieras proyectarla. Entiende que llevamos muchos años matando esa belleza y que tenemos que invertir el proceso para resucitarla. Sí, pero cómo. Trabajando tú, desde tu entorno cercano y lejano. No consumiendo más de lo necesario para vivir justamente. Concentrando una parte de tus esfuerzos en comprender y ayudar a los que padecen. En ser compasivo. En ser justo. El deseo es un mal que el cuerpo debe expulsar para que el espíritu se manifieste en toda su luz. No podemos subir al cielo con el lastre de las cosas que atenazan nuestro caminar. Recuerda que estamos de paso. ¿Construirías una casa en el margen de un río cuya crecida conoces de antemano? No, buscarás terreno más sólido donde edificarla. La vida es igual. Necesita consolidarse en unos pilares que le proporcionen la firmeza suficiente para afrontar la búsqueda del espíritu y eso, por más que nos vendan lo contrario, sólo se puede hacer desde el desapego y la voluntad de amar al prójimo. Intente ser más concreto. Comienza tu trabajo interior. Ese que todos esos deseos te impiden iniciar. Medita. Encuentra la razón pura de existir y verás que el amor está detrás de todo. Cambia tus costumbres e irradia a todo tu mundo cercano la paz que ese cambio te produce. Elimina tus vicios. Mejora tu alimentación y no desees lo que no necesitas en esencia. Trabaja por ti y por los demás. Vigila constantemente tu pensamiento para que siempre sea justo. No dejes que la suciedad social contamine tu esencia. La mente es la puerta para la belleza y también lo es para el horror. ¿Acaso no es todo mente e ilusión? Sí, todo es mente e ilusión, pero dado que todo es un sueño, el espíritu puro vive mejor en un sueño del paraíso que en la pesadilla de un infierno en el que tantos sufren nuestra comodidad. Evita sobre todo la radicalidad, comprende a todos y deja que encuentren ellos su camino con lo que reciben de ti sin palabras. Creo no estar a la altura
de lo que me pide. Lo estás si crees que eres capaz de estarlo. Puedes ayudar muchísimo. En este sueño que todos compartimos, tenemos la necesidad imprescindible de darnos la mano para seguir en el camino. Creo que muchos de mis
deseos han muerto en esta conversación. En ese caso felicítate, los deseos no mueren, no son seres vivos. Se extinguen, pierden la fuerza que les damos. Comienza a vivir sin ellos y encuentra la paz que nace de la compasión, quizá se trate del mejor camino para erradicar el deseo de nuestros corazones, la profunda y natural compasión por nuestros semejantes que comparten este camino tortuoso que es la existencia. Comenzaré pues mi trabajo
en esa dirección. No olvide que en unos días volveré de nuevo. Seguro. Estaré aquí esperándote, no bajes la guardia. Uhm,
ese será un buen tema para hablar la próxima semana. |
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