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LA EXISTENCIA DE LOS ESPÍRITUS INEXISTENTES PDF Imprimir E-Mail

La existencia de los espíritus inexistentes

 

En la meditación, a veces, una parte de mí se pregunta quién es el que observa el proceso del pensamiento. ¿Usted qué opina?

Uhmm, parece una reflexión interesante. ¿Cuál es exactamente la pregunta?

La pregunta concreta es: cuando abstraigo mi mente en el proceso del meditar hasta el punto en el que desaparece el pensamiento, ¿quién es el que percibe ese estado de abstracción? ¿Acaso no soy yo mismo?

¿Y quién es ese «yo mismo»?

¡Eh!, ¿qué dice?

¿Quién se está preguntado la titularidad del que percibe la abstracción? ¿No ves que si utilizásemos este camino para buscar respuestas que nos iluminasen, no acabaríamos nunca? Siempre subdividiríamos nuestra mente para alejarnos del personaje creado por nuestro ego teniendo la falsa ilusión de que, desde la distancia, estamos más cerca de lo real; pero es exactamente igual de irreal, en ese universo no existen las distancias, tan sólo la pulsación de ser o no ser. Tu mente tiene la capacidad de subdividirse tantas veces como precise para establecer posiciones o situaciones dentro de una construcción lógica. Si esta construcción lógica se rompe, sólo entonces, aparecerá el verdadero ser que no necesita preguntarse nada, simplemente «es».

Entonces, ¿está de acuerdo con la idea de dividir la entidad humana en mente y ser?

No. La mente es un proceso, un subproducto residual de algunas características del ser. La proporción de significado que atribuimos a esa entidad es proporcional a la incapacidad de nuestro espíritu de superar a su propia creación. Sólo cuando nuestro espíritu consigue desapegarse por medio del pensamiento de su propio pensamiento, sólo en ese momento el espíritu «es».

Esto me parece demasiado complejo. Por una parte me dice que no cree en la entidad mente/ser. Por otra, todo este proceso que estamos manteniendo de esclarecimiento no deja de ser producto de la mente que intenta definir al ser. ¿Qué hay entonces además de mente y ser?

Es difícil explicar algo que no cuenta con el lenguaje. La misma idea de existir no deja de ser un elemento puramente mental, un proceso más. Utilizaré nuestro lenguaje para descifrar algún aspecto de lo que no puede ser definido. La mente es un conjunto de procesos que permiten la existencia de una forma de energía materializada durante un periodo de tiempo.

Pero... ¿es o no el tiempo una faceta de nuestra mente?

Sí, lo es. El ser existe en otro contexto inmedible. Sus fluctuaciones, dentro de nuestra programación lógica, son mesurables en nuestro mundo, en nuestro conjunto de parámetros. Medimos el tiempo con relación a la sucesión de momentos en los que existe la mente, la conciencia, el cuerpo. Para poder explicar el ser, dentro de la casi imposibilidad que dicha acción supone, no tenemos más remedio que utilizar elementos de nuestra lógica habitual. Será en los espacios vacíos de esos elementos donde podremos encontrar precisamente las piezas que le faltan al rompecabezas y, por medio del conocimiento de la existencia de esos espacios vacíos, podremos comprender que nuestros procesos mentales lógicos no pueden abarcarlo todo. En ese momento, en ese instante denominado por algunos como sagrados, diversos aspectos del ser cobran conciencia en un plano mucho más sutil que el que podemos percibir. Desde esa conciencia, el ser puede manifestarse en forma de intuición, de fe o de devoción.

Cuando te preguntas qué es el ser, la misma pregunta tiene principio y final para sus posibilidades de ser resuelta. Pero es un elemento que debe coexistir con el proceso natural de descubrir esa naturaleza primordial que nos conforma como entidades individuales. La pregunta convive con la necesidad de experimentar. La experiencia se nutre de los procesos de la pregunta para desviar los propios mensajes que la mente fabrica a modo de interferencia. Ojo, lo hace de forma natural porque su naturaleza es esa labor infatigable, gestar pensamientos dentro del flujo particular de energía que la mente supone para el individuo. El pensamiento es una concatenación de imágenes con significados relativos al contexto en el que la existencia del individuo se desarrolla. La conciencia sobre esos significados, que son a su vez subprocesos de otros previos, no deja de tener, de alguna forma, la misma naturaleza original que el primer pensamiento que apareció en el órgano de percepción e interpretación de las corrientes de energía que circundan la concentración y particular expresión que somos de esa energía universal indefinible, es decir, tu propia mente, tu cerebro.

Creo entender algo. Lo que ocurre es que, al creer entender algo, me surge también la sospecha de que estoy pensando y que eso me impide comprender.

La idea de que estás pensando, la idea de que crees entender algo, el pensamiento relativo a la sospecha de que estás pensando y la misma idea de comprender, todo son elementos de un proceso ya establecido en la estructura en la que estás dispuesto para interpretar el contexto en el que tu manifestación particular de conciencia existe.

Entonces identifica existencia con conciencia. Es de la opinión del «pienso luego existo».

No. Soy de la opinión de pienso, luego pienso que existo.

Ah, muy bueno eso. Pues me dirá usted entonces qué podemos hacer para comprender.

Lo que han hecho los místicos de todas las culturas durante toda su existencia. Silenciar la mente y percibir.

Ya, pero el acto de percibir es también mental.

No exclusivamente. Existen los espíritus.

¿Cómo? Jua jua jua. ¿Cómo puede alguien que me está haciendo dudar de mi propia existencia hablarme de espíritus?

Bueno, quizá éste también sea un elemento inexplicable. No obstante, la cultura tradicional china hizo una clasificación bastante coherente de las entidades espirituales que conforman al individuo que existe. Aunque no creo ya en definiciones ni en historias de ningún tipo al respecto, su visión de una tendencia espiritual positiva y otra negativa me parece de la máxima coherencia para nosotros que pensamos.

Entonces, ¿es definible el espíritu?

Creo que no, creo que es experimentable y que se le puede dotar de conciencia particular igual que al ser.

Pero lo particular es precisamente lo opuesto a la concepción expansiva e infinita de la energía universal que nos forma.

Sí, pero tenemos que tener en cuenta que el simple hecho, evidente a nuestros códigos lógicos de comprensión, de que tengamos que mantener este diálogo nos presenta una dualidad que es creativa. Es decir, una única energía universal con capacidad de subdividirse a su vez para formar espacios de entidad particular de los que poder nutrirse para expandirse y contraerse sin fin ni objetivo. Sólo porque su naturaleza es así.

Vale, creo que cojo algo. Pero a colación de lo que acaba de decirme. ¿Es diferente el espíritu del ser?

No, el espíritu es una característica del ser mucho más sutil que la tangible o mental que percibimos directamente.

¿Pero quién percibe?

Insistes, jejeje. Percibe el mismo proceso de percibir. Es individual, no tiene entidad más allá de la que él mismo se atribuye para definir la idea de temporalidad que he mencionado antes. La conciencia nos contiene y nos encierra lejos de los parámetros de la realización pura. La percepción necesita definirse a sí misma porque es un proceso cuyo objeto es dar significado a las manifestaciones relacionadas con nuestra entidad, no puede eludirse a ella misma. Necesita autodefinirse. En ese instante crea a nuestro personaje. Somos el disfraz de un proceso para contentarse a sí mismo. No puede evitarlo, no lo pretende, simplemente lo gesta.

Y... ¿por qué lo hace?

El proceso consciente, la lógica, la mente, el espíritu, todos estos elementos son características particulares de la manifestación del ser en distintos planos existenciales. Distintas densidades energéticas que interactúan de forma unificada. Son un todo indisociable. ¿Entiendes ahora por qué no podemos comprender nuestra esencia dividiendo las partes del todo, llegando a subdividir la materia mucho más allá de lo que nuestra lógica puede construir?

Estoy un poco liado. Perdone mi cabezonería pero es que cada vez que creo entender algo me surge el pensamiento añadido de que esta comprensión no deja de ser un proceso.

Exacto. Y cada vez que realices la pregunta, el proceso creará un espacio diferente de ese proceso para poderlo observar desde fuera y definirlo. Es un continuo proceso explicativo de todo, incluso un proceso constante de autodefinición.

En ese caso, creo que me rindo. No puedo explicar lo inexplicable. El único problema es que me sigo preguntado el motivo de mi existencia.

Sí, el mismo proceso no puede imaginar la autocreación por una razón tan sencilla como evidente. Esa instrucción no entra dentro del juego de posibilidades que él instrumentaliza para llegar a la comprensión de todo.

Ya, pero ahora mismo estamos saltándonos a la torera precisamente ese proceso.

No, en absoluto. Ahora mismo estamos utilizando todos y cada uno de los elementos que nuestra conciencia tiene a su alcance para intentar definir lo indefinible. Insisto, ese proceso de la pregunta es el que despierta a su vez el proceso inverso, el de la no respuesta. En la dualidad de lo que puede ser y lo que no puede ser, existimos. Estamos creados dentro de ese Yin y Yang de lo absurdo para nosotros mismos.

A colación de esto que acaba de decir, esto del Yin y el Yang. Cuénteme eso de los chinos y sus entidades espirituales.

La concepción existencial de la cultura tradicional china es mucho más rica de lo que podemos imaginar. Cuando vemos esas caras rasgadas y ancestrales que parecen esconder en sus mentes lo más profundos secretos inconfesados, no podemos evitar sentir una admiración inexplicable y a la vez, una atracción hacia una cultura que se ha manifestado a veces con tanta belleza, con tantos conocimientos fuera de su tiempo y con tanta crueldad.

Ya, pero todos los chinos no son sabios. Supongo que habrá de todo ¿no?

Sí, hay de todo. Cuando me refiero a caras rasgadas y ancestrales me refiero a la expresión de algunos de sus ancianos. Sus miradas, sus caras serenas y apacibles. Como si estuvieran al margen de las preocupaciones del mundo.

Bueno, yo conozco a un pastor de un pueblo cercano al lugar en el que vivo que puede tener esa misma expresión.

Sí, seguramente tendrá la misma serenidad, pero difícilmente emana ese embrujo, la misteriosa atracción que se esconde detrás de algunos rostros que parecen de otro tiempo.

Venga, lo que pasa es que es un loco de todo lo oriental y le atrae sobremanera todo aquello que huele a chino.

Bueno, me gustaría hablarte en primer lugar de lo de los espíritus y, después, te cuento un poco de dónde creo que viene mi atracción por todo lo oriental. ¿No me discutirás que hay algo de embrujo en lo oriental, en sus pinturas, en su caligrafía, en sus paisajes, en sus colores, en su música...?

Sí, creo que hay algo muy atractivo detrás de todo esto pero, por favor, cuénteme la historia esa de las entidades espirituales.

Tenemos que situarnos en el contexto de la medicina tradicional china. En ella se da una especial relevancia al mundo de los espíritus. La primera vez que tuve noticias de estas entidades o estas manifestaciones diferenciables fue precisamente de la mano de un médico acupuntor. A raíz de aquellas noticias, investigué para calmar la curiosidad que el tema, sin lugar a dudas, me había suscitado.

El pensar que somos una combinación de espíritus encarnados no deja de ser una metáfora atrayente a la vez que sugerente, cuando menos, un misterio que necesitaba desvelar.

El tema salió a colación de una conversación sobre puntos acupunturales que se utilizan para producir la apertura de la conciencia espiritual de una persona.

¿Es eso posible? ¿Se puede inducir a alguien a tener conciencia espiritual por medio de la acupuntura?

Según la lógica de la medicina tradicional china lo es. El espíritu original, el denominado Shen, deriva del Yang puro del universo y está compuesto a su vez por doce espíritus que lo definen por las potenciales características de cada uno de ellos.

¿Me los puede nombrar?

Espera, no seas impaciente, te los voy a explicar todos dentro de mis posibilidades dialécticas, aunque se reduce todo a una visión particular de dos aspectos del espíritu. Debes entender que se trata de algo muy complejo de explicar. Exige que tengas la mente muy abierta y que no te apoyes en conocimientos adquiridos o asentados. Ten en cuenta que, esto de lo que te estoy hablando, es un pilar firme y sólido de una filosofía y psicología médica que ha perdurado desde el principio de los tiempos. Su validez no es calificable por nosotros que no podemos comprender su complejidad y efectividad en todos los terrenos.

Estos doce espíritus se dividen en siete espíritus que heredamos de nuestros progenitores y cinco espíritus que nos ocupan en el momento del alumbramiento y que provienen de esa corriente universal que nos hace a todos partícipes de un mismo flujo energético o espiritual.

¿Cuáles son más importantes?

Todos los son. Los siete espíritus heredados de nuestros padres definen capacidades básicas muy importantes de nuestra existencia. Gracias a ellos dispondremos de intelecto, de emociones, de capacidad de interpretar, de percibir.

Anda, entonces uno de esos siete espíritus es el que se pregunta quién es el que observa la meditación dentro de mí.

Quizá sí, quizá no. No podemos saberlo. No podemos definirlos tanto y mucho menos hacerlo por nuestra cuenta.

¿Cómo pudo alguien hacerlo? ¿Cómo se explica que una persona entendiese esa subdivisión de espíritus y sus características? ¿Llegó un santo y se lo explicó?

No lo sé. Es difícil imaginar que es la construcción lógica de una sola persona. Creo que, en un momento determinado, algunos seres con una sensibilidad especial y, en un momento en el que el mensaje original de esos espíritus no estaba tan alterado como puede estarlo después de tantas miles de generaciones, su visión resultaba clara, inalterada. Su esencia se podía experimentar directamente. Su interacción podía ser observada. Esa información se ha mantenido hasta nuestros días, una época en la que cuesta mucho observar los mensajes sutiles, los símbolos, las intuiciones.

Perdone mis interrupciones. Me estaba hablando de las características de los siete espíritus.

Sí. Estos espíritus tienen unas características originales que se van modificando, se transforman en virtud de las experiencias a las que se ven sometidos por las características concretas de nuestra vida. Nuestro entorno y la percepción sensorial que tenemos de él influyen notablemente en la configuración y transformación de nuestros siete espíritus heredados.

Estas potencialidades inherentes a cada uno de los espíritus se apagan o iluminan atendiendo a las necesidades que tenemos de ese conocimiento ancestralmente recogido en su carga original para desenvolvernos en la existencia material.

Entonces, perdone de nuevo la interrupción, pero las cuestiones me superan, el ámbito social en el que nos movemos permite o acentúa que las capacidades de estos siete espíritus, sus cualidades ancestrales, se manifiesten. Somos presos del entorno.

Personalmente no utilizaría el término «preso». Prefiero imaginar que los espíritus utilizan sus capacidades y manifiestan sus características en relación con las necesidades que tenemos de ellas, con los requerimientos que la actividad experimental de nuestra existencia provoca en ellos.

La dualidad que mencioné antes, la polaridad Yin/Yang a la que hacía alusión, también afecta a esta clasificación espiritual. La personalidad de cada individuo está fuertemente influenciada, cuando no queda definida, por la potencialidad Yin o Yang de cada uno de estos espíritus.

¿Hay diferencia entre lo masculino y lo femenino?

¿Te queda la menor duda? Somos diferentes. Por favor, no introduzcas en este diálogo esta idea sin sentido. Lo masculino difiere de lo femenino en tanto que ambas partes definen un principio único indivisible.

Según la tradición china, la proporción de espíritus potencialmente Yin o potencialmente Yang define las características sexuales del individuo.

¿Explica esto la homosexualidad?

Por supuesto. Y, aunque esto te produzca el placer de un nuevo descubrimiento, como de todo lo demás, debes desprenderte de esta sensación. Estoy hablándote de una tradición, de una idea de la entidad denominada espíritu desde la visión ancestral de la mística filosófica china. La idea de siete espíritus definidos, con sus personalidades y sus búsquedas antropomórficas, no termina de seducirme.

¿Por qué?

Porque si lees tratados antiguos sobre taoísmo y la concepción de un universo interior verás que algunos hablan de 36.000 dioses interiores que nos ocupan. ¿Ves? De nuevo nuestro intelecto se subdivide infinitamente para justificarse, para autoexplicarse.

Claro. Lo que en el lenguaje de estos místicos eran espíritus o almas, en nuestro lenguaje actual podríamos definirlos como tendencias de la personalidad heredadas de nuestros padres.

Posiblemente. Ten en cuenta que lo que esta teoría tan antigua intenta es definir, dar explicación a una realidad de la que se es consciente. Es posible que esa energía espiritual sea indefinible pese a que se la pueda clasificar en relación con las diferencias existentes entre distintas potencialidades de ella misma. Quizá lo más interesante, con lo que nos tendríamos que quedar de esta idea iluminada es que tenemos, en parte, el espíritu de nuestros antepasados y el que el cielo nos transmite. En ese cóctel espiritual, tenemos la posibilidad, en el entorno que la suerte nos ha prestado, de crear una nueva dimensión del espíritu a través de la cual, el ser pueda tener conciencia de sí mismo.

Bueno, me gustaría conocer la teoría completa en vez de oír tus conclusiones al respecto.

¿Por qué? ¿No te atraen mis conclusiones? Ten en cuenta que son las conclusiones de mis siete espíritus heredados y mis cinco espíritus celestiales.

Me tomas el pelo.

Sí.

Bueno, dime algo de los cinco espíritus que recibimos del cielo.

Vale, te seguiré hablando un poco de esto aunque me temo que te estoy apartando por completo del Wu Wei mental que te propuse al principio de este diálogo.

No te preocupes. Cuando terminemos me dedicaré durante un buen espacio de tiempo a limpiar mi mente de ideas y dejaré que mis espíritus reposen en el silencio más absoluto de una serena meditación.

Perfecto.

Lo sé.

Hombre, cuánto tiempo sin verte, ego. Espero que desaparezcas antes o después de la meditación anunciada. Bueno, continúo con el tema de los cinco espíritus o esto no se va a acabar nunca.

Los siete espíritus que recibimos en herencia, que también podemos llamar en su conjunto Po, tienen una característica o una tendencia particular, arrastrar al individuo de nuevo a la tierra, su residencia y representación son los huesos. Algunos textos antiguos definen estos espíritus como demonios o espíritus diabólicos que intentan someter al Hun, que sería el conjunto de los cinco espíritus que recibimos del cielo. Ambos luchan en nuestro interior por su supremacía. El Hun quiere elevarnos hacia los cielos mientras que el Po se empeña en devolvernos cuanto antes a la tierra. Los espíritus que conforman el Hun cumplen la función de rectores, tienen total libertad de movimiento y se escapan de nuestro cuerpo por las noches.

Lo más interesante de esta visión, también bipolar, es que nos representa una dicotomía que todos los que existimos tenemos muy clara, la eterna batalla entre el bien y el mal. Entre lo que entendemos que debemos o no debemos hacer. Entre lo correcto y lo equivocado.

La representación que, en forma de espíritus, realizaron los chinos en la antigüedad es muy acertada ya que define una forma sutil de energía: la espiritual; y la plantea en dos planos muy acertados: el de lo terreno y temporal frente al de lo divino y eterno. Esa es la eterna duda del hombre, saber si existirá para siempre o si su vida acaba aquí en la tierra.

¿Entonces Shen y Hun son lo mismo?

No, pero comparten, dentro de esta idea de espíritus buenos y malos, la función de dominar y contener a los siete Po.

Y ¿usted se cree esta historia?

No se trata de creer esta historia o dejar de hacerlo. Yo no creo en ninguna historia. Creo exclusivamente en la experiencia.

Ya, pero se supone que quienes comunicaron todo esto lo han experimentado ¿no?

Sí, lo supongo también, pero desconozco las circunstancias en que lo hicieron. Te dije antes que es muy probable que se tratase de personas con una sensibilidad muy especial y con unas condiciones de silencio excepcionales, pero también ten en cuenta que, si la historia fuese tal y como te la he relatado, seguramente sus Hun y Po de por aquel entonces, serían muy diferentes de los actuales. ¿De qué nos sirve, pues, integrar estas formas de pensar cuando es precisamente el camino inverso el que debemos tomar para poder comprender?

¿A qué se refiere?

A que todo esto no es más que mente, pensamiento, interpretaciones, conocimiento, pinturas de nuestra mente sobre el lienzo de lo que percibimos. La realidad última está exenta de interpretaciones, sólo es experimentable.

No me cabe la menor duda de que el individuo es traspasado por energías del espíritu que condicionan la intención natural del ser de manifestarse. Mi intuición, mi fe, me lo dicta en cada instante de mi vida que transcurre.

Bueno, dejemos lo de los espíritus. Creo que tengo una idea aproximada de lo que quería contarme. Antes me anunció una explicación interesante sobre el origen de su gusto por lo oriental. ¿Me dirá algo de eso hoy?

No, creo que por hoy ya hemos hablado bastante. Hemos tocado demasiados temas, hemos movido demasiado la arena del estanque y el agua puede enturbiarse. Será mejor retirarnos a nuestra meditación y a nuestros ejercicios. Mañana será otro día para volvernos a sentar de nuevo juntos frente a este delicioso té y navegar temporalmente sobre las causas aparentes de nuestra existencia. Descansa y que tu meditación esté vacía de ruidos y llena de amor.

Prometo desear lo mismo para usted. Promesas, deseos, ¡uhm!, creo que ya sé de lo que hablaremos en nuestra próxima conversación.

 

 

 

 
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