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VIRTUD MARCIAL

 

En nuestra última reunión intenté varias veces que me explicara los motivos por los que es conveniente la práctica de las artes marciales para el que tiene una búsqueda espiritual, pero no me contestó en ninguna ocasión ¿está mareando la perdiz?

No, en absoluto, quizá había temas sobre los que teníamos que conversar antes de entrar en ese asunto.

¿Qué temas?

Si no te importa, lo hablaremos después de que termine esta caligrafía.

Es impactante. ¿Qué significa?

Qi

Energía.

No exclusivamente, es un concepto mucho más amplio.

Bueno, no le voy a preguntar más sobre eso, prefiero que me hable de lo relativo a las artes marciales...

Creo que ya está terminada.

¿Para quién es?

Para un buen amigo que me regala todas las semanas sus dudas y sus complejidades y me ayuda con ellas a evolucionar en las mías.

Comprendo. Disculpe mi impertinencia a veces. Intento comprender y muchas veces no mantengo ni las más mínimas normas de cortesía.

No te preocupes por eso. Nuestros corazones hablan sin intermediarios y no debes preocuparte por los códigos. Yo sé a quién me dirijo, puedo sentir tu esencia fácilmente en tu mirada y en la expresión de tu cara.

¿Cómo desarrolló esa facultad?

Como todo en la vida, cuando quitas la superficie aparece lo que subyace debajo de esa máscara. Si aprendes a ir desgajando tus miserias individuales, podrás hacer lo mismo con las de las personas que se acerquen a ti.

¿Eso es lo que aprendemos con las artes marciales?

En parte sí.

Parece extraño e increíble que aprendiendo a dar puñetazos y patadas podamos desarrollar la percepción intuitiva de nuestra realidad no manifiesta.

Si reduces a esas dos características la práctica de las artes marciales, indudablemente resulta increíble esta posibilidad. Debes comprender que el estudio de las artes marciales es el estudio de nuestros miedos más profundos.

¿O de sentirse fuerte para no tener esos miedos?

Los miedos no desaparecen porque nos sintamos más o menos fuertes físicamente. En ese caso utilizaremos nuestros niveles de fuerza o poder para medir las circunstancias con las que pensamos que podremos enfrentarnos, pero eso no deja de ser una de las muchas ilusiones de los que las practican, el miedo sigue estando ahí.

En ese caso, poca cosa podemos hacer sobre este apartado dentro de esta práctica.

En absoluto. Podemos hacer muchísimo.

Podría mostrarme la lógica de esto, por favor. Me serviría de mucha ayuda porque, a veces, me siento muy desmotivado para seguir el entrenamiento.

¿Desmotivado?

Sí, precisamente después de nuestras charlas desaparecen mis ganas de iniciar mi entrenamiento marcial. Siento como si tuviese que dedicarme a otras actividades más espirituales y menos violentas.

Permíteme decirte que, si quieres, la práctica de las artes marciales puede ser una de las más espirituales que existen. Todas las personas tenemos miedos, tememos que la vida nos ponga por delante situaciones que nos gustaría decidir evitar. La violencia existe fuera y dentro de nosotros. La ejercemos en determinadas circunstancias, unas decididas y otras no. La mayoría de ellas dependen de nuestra percepción y las asociaciones que le tengamos impuestas consciente o inconscientemente a dicha situación a partir de los rasgos concretos de nuestra personalidad final.

También nos llega desde fuera.

Efectivamente. Podemos ejercerla o recibirla pero, en definitiva, lo que ocurre es que participamos de ella. Muchos piensan que siguiendo un camino de no violencia, de bondad, de buenas acciones, compensan esa inquietud interior que les comunica constantemente que hay mucho de negativo asociado a la violencia. Pero esta situación, esto que te estoy detallando no deja de ser una forma clara y pura de represión.

Bueno, reprimirse las ganas de matar a alguien no está del todo mal ¿no?

Claro, es bueno reprimirse esas ganas, pero es mucho mejor saber de dónde nacen. Por qué sentimos algo tan visceral, tan profundamente cargado de ira que nos arrastra los sentidos en esa dirección.

Las artes marciales nos enfrentan con esos miedos, con esa ira, con esa violencia y nos plantean la realidad emocional que ocupa nuestro interior.

En realidad no queremos hacer daño a nadie, son nuestros miedos y nuestros prejuicios los que marcan la tendencia a querer distanciarnos o eliminar los obstáculos que aparecen en nuestra vida, humanos, físicos, etc.

Pero eso no es del todo así. Precisamente en las clases de artes marciales se potencian valores como el compañerismo, la camaradería, el respeto; creo que no tienen mucho que ver con la violencia.

Tienes razón, pero no deja de ser una parte de un todo. Una parte de ti, la que se enfrenta a sus limitaciones, la que valora su situación en comparación a otros niveles, la que recibe un golpe y explota indiscriminadamente, esa parte sólo se manifiesta en estas circunstancias.

Entonces la parte del combate con el compañero es muy importante.

Es importantísima, pero la otra, la del trabajo en solitario también lo es. Cuando trabajas en solitario aparecen los elementos que te intentan alejar del sufrimiento que puede suponer para nuestra mente enfrentarse una y otra vez al ejercicio de perfeccionar algo que creemos ya perfecto. En ese trabajo estamos abriendo nuestro conjunto de acciones reflejas para imponerle otros patrones y un control quirúrgico sobre éstos.

No sólo repetimos por repetir. Repetimos para enseñarnos a nosotros mismos a concentrarnos sin descanso y sin titubeos en el arte del perfeccionamiento.

En ese caso, cualquier disciplina que nos enseñe eso puede servirnos a nuestros propósitos tanto como las artes marciales.

Hay miles de fórmulas para caminar en la dirección de la comprensión pura. La que plantean las artes marciales es una de ellas en la que aprendemos a comprender ese aspecto de nuestro camino antagonista del amor.

¿A qué se refiere?

A la ira. El fruto de ese miedo que se aloja en la gran mayoría de los corazones. La ira es lo opuesto al amor. Por ira se mata, por amor se crea. Son dos fuerzas que coexisten.

Entonces lo natural sería mantener un equilibrio entre ambas.

No exactamente. La ira es un subproducto de una emoción desbordada. En sí es el fruto del desequilibrio.

Entonces el amor también lo puede ser a su manera.

En este caso también te equivocas. Que lo uno sea completamente lo opuesto a lo otro no le confiere las características de complementariedad que tienen dos elementos de un mismo núcleo.

La capacidad de amar no tiene límites. No se puede desbordar nunca porque no dispone el ser humano de energía suficiente para generar tanto amor. Algunas emociones nefastas compiten en anular esa capacidad. En algunos casos, en la medida de lo posible, lo consiguen.

¿Cómo?

Callando nuestro corazón que es el que tiene la capacidad de transmitir ese amor que convertiría la simple existencia humana en un camino hacia la comunión con la esencia que nos creó.

¿Podríamos decir entonces que el camino de las artes marciales es un camino para potenciar el amor entre las personas?

Y no sólo eso, es un camino que nos ayuda a potenciar el amor hacia nosotros mismos. Recuerda que todo comienza desde nosotros.

A veces me cuesta diferenciar esta valoración que propone del individuo como ser vivo que se autoquiere y el estado egoico que tanto critica.

Es muy fácil de diferenciar. En la capacidad de amarnos está el objetivo de evolucionar hacia los demás. En el del estado egoico vive el objetivo de situarnos por encima de los demás. Son dos direcciones muy diferentes.

¿Y cómo no confundirse?

Manteniendo el pensamiento correcto, la mente clara, el camino despejado de dudas y un paso resuelto hacia nuestro destino.

Es decir, atención constante.

Exacto, algo que la mayoría de las artes marciales nos enseñan a desarrollar. Intuición para ver venir el conflicto. Experiencia para conocer nuestras miserias y nuestros valores. Energía para vencer estas miserias y para potenciar estos valores.

Creo que estoy comenzando a motivarme de nuevo.

No debes perder la motivación, es un signo de que tu pensamiento no está siendo del todo correcto o que tu mente no tiene claro su camino. Caminar es volver una y otra vez a dar un paso. En la práctica de las artes marciales aprendemos a repetir una y otra vez una misma propuesta. A través de ellas, podemos entender cómo funciona nuestro cuerpo, sentirlo, desbloquearlo y ser capaz de movilizar nuestras energías en mayor o menor medida donde se requiera. Aprendemos a utilizar el cuerpo físico para llegar a comprender el cuerpo etéreo, ese sobre el que es necesario actuar a través del pensamiento correcto.

Entiendo. Siempre pensé que debía anular el pensamiento, pero ahora entiendo que una sana reflexión me permite argumentar mi búsqueda. Que si soy capaz de establecer pensamientos que me ayuden a ser fuerte de espíritu podré vencer todas esas influencias que nos llegan.

Perfecto, yo no lo habría explicado mejor. Recibimos violencia de muchas formas distintas. Entiendo por violencia todo aquello que intenta sacarnos de nuestro centro en cualquiera de sus manifestaciones, integridad física, mental o espiritual. Pero, ojo, hay que saber entender el poder que vamos desarrollando y ser consciente de la potencialidad que dicho poder nos otorga tanto en lo positivo como en lo negativo.

Hay personas que practican las artes marciales con fines perversos. Quieren una superioridad sobre los demás, técnicas que le permitan imponer sus ideas o sus antojos por la fuerza. Ese camino es diametralmente opuesto a nuestra búsqueda.

Pero si de veras se tratase de un sistema equilibrado, no debería dar esa opción al practicante.

Lamentablemente no es así. Es cierto que, en algunas personas, se abre una comprensión sobre lo que está ocurriendo interiormente. En otros casos, dependiendo de esas influencias anteriores que te comentaba, el que llega a este camino sin haber limpiado los restos de su yo anterior seguramente equivocará la finalidad de su práctica.

Ahora comprendo muchas cosas. Hay un proceso, una catarsis, para iniciar este camino. El trabajo marcial no deja de ser una herramienta más que también puede condenarnos si los que gobiernan nuestra mente no han sido desterrados.

Creo que por hoy ha sido suficiente, veo en tus ojos una comprensión muy clara de lo que hemos hablado y eso me llena de alegría. Ahora necesito volver a la soledad de mi meditación, si te parece continuaremos mañana.

 

 
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