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¿El camino?

Si, el camino, el centro, la vía, qué más da.

Pues supongo que debe dar bastante. No es lo mismo un camino que un centro.

Depende del contexto. En nuestro caso hablamos del camino porque se trata de un centro dinámico que se mueve con nosotros. Cuando hablamos de centro, la imagen de esta palabra simboliza demasiado lo estático y no queremos reseñar esa característica. Nos limitamos a nombrar el camino como el punto desde el que el individuo comienza y mantiene su búsqueda.

¿Qué búsqueda?

¿A estas alturas me haces semejante pregunta?

Sí, nunca me termina de quedar claro. Siempre me voy de aquí con una extraña sensación de indefinición.

Pues no debería ser así. Te he insistido mucho en la necesidad de que experimentes ese camino.

Ya, pero necesito que me concrete aún más las instrucciones. No termino de aclararme.

Siempre con la cabeza liada. Vamos a recuperar un poco de información para tu hambre informativa.

Sin sorna

Ok. Existe un momento en la vida de toda persona en la que se definen algunos elementos de su personalidad que lo preparan para una evolución de su conciencia.

En algunos casos, ese punto no llega a lo largo de toda una vida, en otros, aparecen manifiestos desde la infancia...

¿A qué se debe que en unos sea tan pronto y en otros quizás nunca?

«Nunca» no es un término admisible en la vía del conocimiento profundo que seguimos, algunos en una manifestación vital, otros en muchas, depende de la herencia que recibe en el momento del alumbramiento y de las interacciones con los sucesos ocasionales de su vida, con sus decisiones, con sus definiciones y, en definitiva, con todo lo que le ocurre...

Uff, ya se me está espesando el asunto.

No, no te espeses tan pronto. Lo que conocemos, lo que vemos, lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida, configura nuestra manera de interpretar el entorno, de prever lo posiblemente venidero. No operamos con conocimientos extras dentro del campo de la mente ordinaria.

¿A qué se refiere con el término mente ordinaria?

Me refiero al estado mental en el que el individuo aún no es consciente de su potencial evolutivo. Aún no se ha dado cuenta de que su línea existencial no se limita exclusivamente a la materia ni a los pensamientos elaborados por su mente física.

Pero... ¿eso es cierto? Quiero decir ¿demostrable? Es difícil aceptar algo que a simple vista no se puede percibir. Parece que no existe.

Existe. Es experimentable y opera en un nivel energético mucho más sutil que el pensamiento, por este motivo apenas podemos razonar sobre su naturaleza, podemos entrever lo que experimentamos en el camino y lo que los iluminados reales nos enseñan.

Yo no creo en seres iluminados. En realidad creo que no existen esos seres. Los que conozco o los he leído en los libros o resultan ser charlatanes con un ego que ocupa parte y mitad del universo.

Es cierto, el iluminado, aquella persona que ha trascendido el estadio egoico de la mente ordinaria, no suele liarse en organizaciones de ningún tipo. Tan sólo es un reflejo viviente de una evolución de la conciencia pura manifestada en el contexto de la materia.

Esto me parece muy bonito pero hasta cierto punto absurdo. ¿Cómo podría subsistir alguien así en nuestra sociedad?

Pues subsisten, en otras culturas no tan dispares a la nuestra todavía se encuentran este tipo de maestros que renuncian a jugar el juego de la preconsciencia real.

¿Establece usted un antes y un después de este estado?

Por supuesto. Se trata del día y de la noche. El individuo que existe antes de ese estado de comprensión, no difiere mucho del niño que tiene hambre, que sueña con su madre, que quiere los juguetes del compañero. Que se enfada cuando le quitan lo que piensa que es suyo y que colecciona cosas para no se sabe qué...

Hoy le veo más radical que nunca. Yo colecciono algunas cosas y me gusta hacerlo.

No, no me veas radical, tan sólo intenta aceptar que existen diferentes realidades a la que tú has fijado como camino.

¿Volvemos a la idea de camino?

Sí, volvemos a la idea de punto de partida para esa búsqueda.

Y, ¿por qué es necesario un punto de partida? ¿de nada sirve lo vivido hasta ahora? ¿Tenemos que marcar un antes y un después en nuestra vida para comenzar este camino tan señalado por usted?

Resulta imprescindible establecer un momento para el cambio. Nuestra vida está plagada de inercias de todo tipo, mentales, emocionales, físicas... No podemos emprender una comprensión clara si no dejamos claro que todo lo acontecido hasta ahora es ya una ilusión del pasado.

Pero en este camino existirá también la idea de pasado, el recuerdo es importante para no caer en los mismos errores, ¿no?

No, el recuerdo puede anclarnos en pasados errores e impedirnos evolucionar hacia un camino en el que lo único que existe es el presente continuo, sin interferencias, sin emociones apoyadas en el recuerdo, sin pensamientos negativos o positivos planteados desde experiencias personales pasadas o proyecciones futuras basadas en ese pasado.

Tenemos que hacer una especie de inventario y cierre de cuentas.

Efectivamente. Tenemos que llegar a un acuerdo con nosotros mismos. Comprender lo que hemos hecho bien y lo que hemos hecho mal. Plantearnos quiénes somos en esencia, lejos de los condicionantes que nos influyen desde nuestro pasado, para hacer las paces con nuestro espíritu. Perdonar porque no existe la culpa y abandonar la idea de lo que tenemos que ser para aceptar la realidad de lo que somos.

Eso no estaría mal, pero ¿cómo podemos saber quiénes somos en esencia y qué parte de nosotros corresponde a todo lo adquirido desde nuestra infancia? ¿Acaso no sería eso volver a la niñez, a ese estúpido estado que usted antes criticaba?

Me gusta tu lógica, a partir de ella es posible construir el principio imprescindible para la búsqueda que te propongo. La diferencia, cuando hemos llegado a este punto de comprensión, es que tomamos la decisión de ir por un sendero determinado. Un niño no la toma, sigue sus instintos, los estímulos que le llegan, acentuados en algunos casos por la naturaleza heredada de sus padres. En la mayoría de los casos desemboca en un camino que él no ha decidido recorrer, tan sólo sus impulsos y los condicionantes le han llevado hasta allí. Existe una gran diferencia entre la mente que decide una dirección y la que es llevada en una dirección.

Pero, ¿acaso no estaría ahora haciendo lo mismo? ¿no estaría dejándome llevar por el camino que usted me plantea?

No, yo no te digo que sigas este camino. Yo te invito a la experiencia pura sin condicionantes y tú decides si continúas en esa senda o no. También te digo que aclares tu mente para que tu decisión sea consciente.

Esto es un poco extraño. Usted me habla de la mente heredada de nuestros padres. Demasiadas influencias, algún sentido o motivo debe tener que seamos receptivos a todas estas influencias.

Sí, todo el sentido puesto que, como materia que somos, una parte de nosotros coexiste con estas influencias. Pero es nuestro ego el que define la personalidad que nos llevará por la vida entre ellas, por ese motivo nos demarca y nos dibuja el perfil de lo que debemos ser en virtud de las fuerzas que nos afectan o nos afectaron. Ese es el sentido, la lógica que hemos construido.

Me gustaría creerle. Todo sería tan sencillo como hacer borrón y cuenta nueva.

Es así de sencillo.

No, existen muchos elementos que usted no tiene en cuenta. No está teniendo en cuenta la sociedad en la que nos desenvolvemos, el grado de evolución que nuestra sociedad ha experimentado y que nos está acercando a puntos nunca antes alcanzados por el hombre.

¿Qué puntos?

Hemos viajado al espacio. Somos capaces de crear máquinas que trabajen para nosotros. Disponemos de una ciencia médica que nos permite luchar contra las enfermedades. No podemos descartar todos esos avances.

Veo que la ilusión está más presente en ti de lo que imaginaba. ¿De qué te sirve viajar al espacio si sabes que la tierra, tarde o temprano, se extinguirá, será engullida por su estrella madre? ¿Cómo puedes comparar viajar a la luna con viajar al momento exacto de la creación del universo?

¿No se pasa un poco?

No, quizá es importante que te recuerde algunas cosas. Piensas que el estado natural del hombre es vivir inmerso en un juego de poderes económicos en el que habitualmente ocupa el papel de máquina de consumir o máquina de producir. Tantos años de sufrir este dominio de algunas mentes desbocadas en sus ansias de poder han llegado a inculcar al hombre la idea de que su estado natural es el del trabajo y no, el de la meditación.

Hombre, a mí a veces me parece que meditar es perder el tiempo.

¿Y no crees que perder la mayor parte de tu vida metido en una oficina haciendo cosas irrelevantes para tu vida es una forma más flagrante de perder el tiempo? ¿Puede perderse algo que no tenemos?

Hombre, comer hay que comer.

Ese es el problema. En la etapa primera de la humanidad, el hombre no tenía que trabajar para comer, tan sólo se alimentaba y experimentaba la existencia y sentía el gozo de estar unido a todo lo que le circundaba.

Eso me suena a Biblia.

No, hombre, no lo tiñas todo de religión. Evidentemente, algunos mensajes contenidos en la Biblia no andan muy descarriados, pero no te estoy hablando de paraísos, te intento decir que el estado natural del hombre era el de fusión con la naturaleza en una pura comprensión intuitiva de lo que significaba su existencia, una pulsación minúscula entre las grandes pulsaciones del universo, pero sin dejar de ser una parte constante y total de él.

¿Y cuál es nuestro estado ahora? ¿En qué mundo vivimos inmersos?

Vivimos en un mundo creado por nuestro pensamiento. ¿No te has preguntado nunca por qué todo lo que el hombre se propone acaba consiguiéndolo? Volar, enviar cohetes al espacio, comunicarse con pequeñas máquinas a través del aire sin que medien cables o mecanismos físicos de conexión.

Ese es el poder al que me refería antes.

Pero se trata todo de una ilusión enorme. Nada es real. Somos, como dice Chuang Tse, «perros de paja que el viento acaba arrastrando». Nuestra mente física, nuestro ego individual y colectivo, ha llegado a tal punto de influencia en el conjunto de la humanidad que ha llenado de complejidad el contexto en el que nos movemos, de órdenes artificiales, de parches sociales que intentan paliar los desórdenes que otros parches crearon. Esto no tiene ninguna solución. Por cada solución que nuestra mente ordinaria es capaz de formular, diez mil inconvenientes nacen de inmediato.

Estaba en lo cierto cuando le tildaba de «radicalillo».

No, estás intentando comprender algo muy diferente a lo que te niegas a abandonar. Vives en el constructo de tu mente y en la sociedad fruto de esa construcción, con todas las incoherencias propias de la necesidad de un orden. Todo obedece a la matemática porque el contexto en el que nos movemos ha sido diseñado por nosotros mismos en virtud a una lógica matemática, a un principio de ángulos medibles. No existen leyes medibles del universo si no es a partir de un lenguaje, de un contexto que contenga esos valores que nosotros damos a las cosas. Algunas mecánicas funcionan de acuerdo con esas mediciones predichas, con esos valores preestablecidos, pero llegan a un punto en el que no se pueden soportar y nos encontramos con lo caótico, lo inmedible. La medición y lo medible nacen a la par. El mismo concepto de evaluación es una construcción que determina la posibilidad de medir.

Hombre, algunos físicos trabajan intensamente para explicar estas cuestiones.

Sí, pero siguen inmersos en la lógica de su lenguaje, la lógica de un principio y un final, de una teoría que resuma en forma de fórmula matemática la palabra «Dios».

Quizá algún día.

Quizá ese día, Dios esté más lejos de nuestro entendimiento de lo que lo ha estado nunca. El hombre debe comprender que sólo podrá alcanzar a Dios cuando deje de intentar definirlo.

¿Acaso no es eso lo que está usted haciendo ahora mismo?

No, lo único que estoy haciendo es afirmando que no puedo comprenderlo con la mente ordinaria, la que ha creado todo esto. Que sólo cuando la mente ordinaria calle, podremos oír el susurro de su voz en nuestros corazones espirituales.

¿Por eso necesitamos iniciar el camino? ¿Para aprender a callar nuestra mente?

Me sorprendes. En parte sí, pero también iniciamos el camino para ir desgajando las capas de cebolla de nuestra consciencia universal, aquella que está directamente conectada con ese Dios que no podemos comprender ni definir.

Y... ¿cuál es el método?

Existen muchos métodos para hacerlo pero, antes de hablarte de ellos, prefiero que medites sobre lo que hemos hablado hoy. Estaré encantado de recibirte de nuevo mañana.

Le aseguro que no faltaré a la cita.

 

 
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