FLOR DE LOTO
DIÁLOGOS EN EL CAMINO
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TAO ¿El camino? Si, el
camino, el centro, la vía, qué más da. Pues supongo que
debe dar bastante. No es lo mismo un camino que un centro. Depende del
contexto. En nuestro caso hablamos del camino porque se trata de un centro
dinámico que se mueve con nosotros. Cuando hablamos de centro, la imagen de
esta palabra simboliza demasiado lo estático y no queremos reseñar esa
característica. Nos limitamos a nombrar el camino como el punto desde el que el
individuo comienza y mantiene su búsqueda. ¿Qué búsqueda? ¿A estas
alturas me haces semejante pregunta? Sí, nunca me
termina de quedar claro. Siempre me voy de aquí con una extraña sensación de
indefinición. Pues no
debería ser así. Te he insistido mucho en la necesidad de que experimentes ese
camino. Ya, pero necesito
que me concrete aún más las instrucciones. No termino de aclararme. Siempre con la
cabeza liada. Vamos a recuperar un poco de información para tu hambre
informativa. Sin sorna Ok. Existe un momento en la vida de toda
persona en la que se definen algunos elementos de su personalidad que lo
preparan para una evolución de su conciencia. En algunos
casos, ese punto no llega a lo largo de toda una vida, en otros, aparecen
manifiestos desde la infancia... ¿A qué se debe que
en unos sea tan pronto y en otros quizás nunca? «Nunca» no es un
término admisible en la vía del conocimiento profundo que seguimos, algunos en
una manifestación vital, otros en muchas, depende de la herencia que recibe en
el momento del alumbramiento y de las interacciones con los sucesos ocasionales
de su vida, con sus decisiones, con sus definiciones y, en definitiva, con todo
lo que le ocurre... Uff, ya se me está espesando el asunto. No,
no te espeses tan pronto. Lo que conocemos, lo que vemos,
lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida, configura nuestra manera de
interpretar el entorno, de prever lo posiblemente venidero. No operamos con
conocimientos extras dentro del campo de la mente ordinaria. ¿A qué se refiere
con el término mente ordinaria? Me refiero al
estado mental en el que el individuo aún no es consciente de su potencial
evolutivo. Aún no se ha dado cuenta de que su línea existencial no se limita
exclusivamente a la materia ni a los pensamientos elaborados por su mente
física. Pero... ¿eso es
cierto? Quiero decir ¿demostrable? Es difícil aceptar algo que a simple vista
no se puede percibir. Parece que no existe. Existe. Es
experimentable y opera en un nivel energético mucho más sutil que el
pensamiento, por este motivo apenas podemos razonar sobre su naturaleza,
podemos entrever lo que experimentamos en el camino y lo que los iluminados
reales nos enseñan. Yo no creo en seres
iluminados. En realidad creo que no existen esos seres. Los que conozco o los
he leído en los libros o resultan ser charlatanes con un ego que ocupa parte y
mitad del universo. Es cierto, el
iluminado, aquella persona que ha trascendido el estadio egoico
de la mente ordinaria, no suele liarse en organizaciones de ningún tipo. Tan
sólo es un reflejo viviente de una evolución de la conciencia pura manifestada
en el contexto de la materia. Esto me parece muy
bonito pero hasta cierto punto absurdo. ¿Cómo podría subsistir alguien así en
nuestra sociedad? Pues subsisten,
en otras culturas no tan dispares a la nuestra todavía se encuentran este tipo
de maestros que renuncian a jugar el juego de la preconsciencia
real. ¿Establece usted un
antes y un después de este estado? Por supuesto. Se
trata del día y de la noche. El individuo que existe antes de ese estado de
comprensión, no difiere mucho del niño que tiene hambre, que sueña con su
madre, que quiere los juguetes del compañero. Que se enfada cuando le quitan lo
que piensa que es suyo y que colecciona cosas para no se sabe qué... Hoy le veo más
radical que nunca. Yo colecciono algunas cosas y me gusta hacerlo. No, no me veas
radical, tan sólo intenta aceptar que existen diferentes realidades a la que tú
has fijado como camino. ¿Volvemos a la idea
de camino? Sí, volvemos a la
idea de punto de partida para esa búsqueda. Y, ¿por qué es
necesario un punto de partida? ¿de nada sirve lo
vivido hasta ahora? ¿Tenemos que marcar un antes y un después en nuestra vida
para comenzar este camino tan señalado por usted? Resulta
imprescindible establecer un momento para el cambio. Nuestra vida está plagada
de inercias de todo tipo, mentales, emocionales, físicas... No podemos
emprender una comprensión clara si no dejamos claro que todo lo acontecido
hasta ahora es ya una ilusión del pasado. Pero en este camino
existirá también la idea de pasado, el recuerdo es importante para no caer en
los mismos errores, ¿no? No, el recuerdo
puede anclarnos en pasados errores e impedirnos evolucionar hacia un camino en
el que lo único que existe es el presente continuo, sin interferencias, sin
emociones apoyadas en el recuerdo, sin pensamientos negativos o positivos
planteados desde experiencias personales pasadas o proyecciones futuras basadas
en ese pasado. Tenemos que hacer
una especie de inventario y cierre de cuentas. Efectivamente.
Tenemos que llegar a un acuerdo con nosotros mismos. Comprender lo que hemos
hecho bien y lo que hemos hecho mal. Plantearnos quiénes somos en esencia,
lejos de los condicionantes que nos influyen desde nuestro pasado, para hacer
las paces con nuestro espíritu. Perdonar porque no existe la culpa y abandonar
la idea de lo que tenemos que ser para aceptar la realidad de lo que somos. Eso no estaría mal,
pero ¿cómo podemos saber quiénes somos en esencia y qué parte de nosotros
corresponde a todo lo adquirido desde nuestra infancia? ¿Acaso no sería eso
volver a la niñez, a ese estúpido estado que usted antes criticaba? Me gusta tu
lógica, a partir de ella es posible construir el principio imprescindible para
la búsqueda que te propongo. La diferencia, cuando hemos llegado a este punto
de comprensión, es que tomamos la decisión de ir por un sendero determinado. Un
niño no la toma, sigue sus instintos, los estímulos que le llegan, acentuados
en algunos casos por la naturaleza heredada de sus padres. En la mayoría de los
casos desemboca en un camino que él no ha decidido recorrer, tan sólo sus
impulsos y los condicionantes le han llevado hasta allí. Existe una gran
diferencia entre la mente que decide una dirección y la que es llevada en una
dirección. Pero, ¿acaso no
estaría ahora haciendo lo mismo? ¿no estaría dejándome
llevar por el camino que usted me plantea? No, yo no te digo
que sigas este camino. Yo te invito a la experiencia pura sin condicionantes y
tú decides si continúas en esa senda o no. También te digo que aclares tu mente
para que tu decisión sea consciente. Esto es un poco
extraño. Usted me habla de la mente heredada de nuestros padres. Demasiadas
influencias, algún sentido o motivo debe tener que
seamos receptivos a todas estas influencias. Sí, todo el
sentido puesto que, como materia que somos, una parte de nosotros coexiste con
estas influencias. Pero es nuestro ego el que define la personalidad que nos
llevará por la vida entre ellas, por ese motivo nos demarca y nos dibuja el
perfil de lo que debemos ser en virtud de las fuerzas que nos afectan o nos afectaron.
Ese es el sentido, la lógica que hemos construido. Me gustaría creerle. Todo sería tan sencillo como
hacer borrón y cuenta nueva. Es así de
sencillo. No, existen muchos elementos que usted no tiene en
cuenta. No está teniendo en cuenta la sociedad en la que nos desenvolvemos, el
grado de evolución que nuestra sociedad ha experimentado y que nos está
acercando a puntos nunca antes alcanzados por el hombre. ¿Qué puntos? Hemos viajado al espacio. Somos capaces de crear
máquinas que trabajen para nosotros. Disponemos de una ciencia médica que nos
permite luchar contra las enfermedades. No podemos descartar todos esos
avances. Veo que la
ilusión está más presente en ti de lo que imaginaba. ¿De qué te sirve viajar al
espacio si sabes que la tierra, tarde o temprano, se extinguirá, será engullida
por su estrella madre? ¿Cómo puedes comparar viajar a la luna con viajar al
momento exacto de la creación del universo? ¿No se pasa un poco? No, quizá es
importante que te recuerde algunas cosas. Piensas que el estado natural del
hombre es vivir inmerso en un juego de poderes económicos en el que
habitualmente ocupa el papel de máquina de consumir o máquina de producir.
Tantos años de sufrir este dominio de algunas mentes desbocadas en sus ansias
de poder han llegado a inculcar al hombre la idea de que su estado natural es
el del trabajo y no, el de la meditación. Hombre, a mí a veces me parece que meditar es perder
el tiempo. ¿Y no crees que
perder la mayor parte de tu vida metido en una oficina haciendo cosas irrelevantes
para tu vida es una forma más flagrante de perder el tiempo? ¿Puede perderse
algo que no tenemos? Hombre, comer hay que comer. Ese es el
problema. En la etapa primera de la humanidad, el hombre no tenía que trabajar
para comer, tan sólo se alimentaba y experimentaba la existencia y sentía el
gozo de estar unido a todo lo que le circundaba. Eso me suena a Biblia. No, hombre, no lo
tiñas todo de religión. Evidentemente, algunos mensajes contenidos en la Biblia
no andan muy descarriados, pero no te estoy hablando de paraísos, te intento
decir que el estado natural del hombre era el de fusión con la naturaleza en
una pura comprensión intuitiva de lo que significaba su existencia, una
pulsación minúscula entre las grandes pulsaciones del universo, pero sin dejar
de ser una parte constante y total de él. ¿Y cuál es nuestro estado ahora? ¿En qué mundo
vivimos inmersos? Vivimos en un
mundo creado por nuestro pensamiento. ¿No te has preguntado nunca por qué todo
lo que el hombre se propone acaba consiguiéndolo? Volar, enviar cohetes al
espacio, comunicarse con pequeñas máquinas a través del aire sin que medien
cables o mecanismos físicos de conexión. Ese es el poder al que me refería antes. Pero se trata
todo de una ilusión enorme. Nada es real. Somos, como dice Chuang Tse, «perros de paja que el viento acaba arrastrando».
Nuestra mente física, nuestro ego individual y colectivo, ha llegado a tal
punto de influencia en el conjunto de la humanidad que ha llenado de
complejidad el contexto en el que nos movemos, de órdenes artificiales, de
parches sociales que intentan paliar los desórdenes que otros parches crearon.
Esto no tiene ninguna solución. Por cada solución que nuestra mente ordinaria
es capaz de formular, diez mil inconvenientes nacen de inmediato. Estaba en lo cierto cuando le tildaba de
«radicalillo». No, estás
intentando comprender algo muy diferente a lo que te niegas a abandonar. Vives
en el constructo de tu mente y en la sociedad fruto
de esa construcción, con todas las incoherencias propias de la necesidad de un
orden. Todo obedece a la matemática porque el contexto en el que nos movemos ha
sido diseñado por nosotros mismos en virtud a una lógica matemática, a un
principio de ángulos medibles. No existen leyes medibles del universo si no es
a partir de un lenguaje, de un contexto que contenga esos valores que nosotros
damos a las cosas. Algunas mecánicas funcionan de acuerdo con esas mediciones
predichas, con esos valores preestablecidos, pero llegan a un punto en el que
no se pueden soportar y nos encontramos con lo caótico, lo inmedible. La
medición y lo medible nacen a la par. El mismo concepto de evaluación es una
construcción que determina la posibilidad de medir. Hombre, algunos físicos trabajan intensamente para
explicar estas cuestiones. Sí, pero siguen
inmersos en la lógica de su lenguaje, la lógica de un principio y un final, de
una teoría que resuma en forma de fórmula matemática la palabra «Dios». Quizá algún día. Quizá ese día,
Dios esté más lejos de nuestro entendimiento de lo que lo ha estado nunca. El
hombre debe comprender que sólo podrá alcanzar a Dios cuando deje de intentar
definirlo. ¿Acaso no es eso lo que está usted haciendo ahora
mismo? No, lo único que
estoy haciendo es afirmando que no puedo comprenderlo con la mente ordinaria, la
que ha creado todo esto. Que sólo cuando la mente ordinaria calle, podremos oír
el susurro de su voz en nuestros corazones espirituales. ¿Por eso
necesitamos iniciar el camino? ¿Para aprender a callar nuestra mente? Me sorprendes. En
parte sí, pero también iniciamos el camino para ir desgajando las capas de
cebolla de nuestra consciencia universal, aquella que está directamente
conectada con ese Dios que no podemos comprender ni definir. Y... ¿cuál es el
método? Existen muchos
métodos para hacerlo pero, antes de hablarte de ellos, prefiero que medites
sobre lo que hemos hablado hoy. Estaré encantado de recibirte de nuevo mañana. Le aseguro que no
faltaré a la cita. |
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