| El taoísmo I |
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EL TAOÍSMO I El pueblo chino, complejo, hermético en tantos campos y en su pasado; un pueblo difícil de abordar por la idiosincrasia de su cultura y las particularidades que han hecho que, hoy por hoy, conocer su profundidad haya supuesto un enorme esfuerzo a los estudiosos que han pretendido hacerlo. Su lenguaje, complejo y con muchos dialectos (en China conviven más de 55 nacionalidades diferentes) resulta de difícil acceso. Sus gobernantes, caprichosos y crueles en ocasiones, brillantes y magnánimos en otras, hicieron que mucha de la información recopilada por sus eruditos fuese víctima de persecución y posterior destrucción. Este panorama nos hace preguntarnos: ¿qué es tan particular en esta cultura? ¿Por qué lo que les llega del exterior es de inmediato absorbido y adaptado a su particular forma de ser? ¿Por qué lo suyo es tan característico y tiene una personalidad tan marcada? Plantearse estas cuestiones nos lleva, de forma inevitable, a intentar comprender su forma de pensar, artífice real de todas las peculiaridades de su cultura. Indagar en esta forma de pensar, a su vez, nos conduce a conocer un tipo de filosofía diferente. Estudiamos una forma de pensamiento que conjuga disciplinas y aspectos religiosos y místicos sobre una base filosófica y mitológica que ha influido todo lo chino y, a su vez, ha sido influenciada por los hechos y corrientes que han cruzado este país a lo largo de su historia. Nos referimos al taoísmo, una de las corrientes filosóficas y religiosas de China. Las restantes corrientes religiosas y filosóficas que existen en este país presentan características claras, que demuestran una influencia directa o indirecta del taoísmo. Existe una importante literatura especializada sobre taoísmo. Para abordar su estudio debemos modificar nuestra forma habitual de aproximarnos en estudios de tipo historiológico, para comprender que estamos ante una sociedad muy diferente a la nuestra y, por lo tanto, podemos intuir que sus sistemas religiosos y filosóficos también lo serán. En China, religión y sociedad persisten de la mano desde el principio de los tiempos. El concepto de religión como tal ya no existe en China y, en los últimos años, se ha optado por utilizar la palabra Zongjiao que puede traducirse como «doctrina sectaria». Una gran parte de los templos erigidos en la China imperial se correspondía al culto de Confucio y en su caso a los sacrificios del imperio. Estos cultos estaban lejos del pueblo llano al que se le mantenía en una cautelosa distancia. Cohabitaban con estos templos los de origen budista y con la mayoría de templos que se atribuía a la religión del pueblo (en muchos casos relacionada con el antiguo chamanismo). Lo que mejor define la religión en China es precisamente su indefinición, una indefinición que se superpone a la del término Tao. El concepto Tao en sí mismo, base de esta forma de pensar, es inabarcable por el razonamiento. Las escuelas filosóficas de la antigua China tenían una conciencia aproximada de este término y era, en la mayoría de los casos, el eje central de sus doctrinas, las cuales eran definidas por las reglas y los principios a los que obedecían. El Tao no puede ser descrito pero todos los pensadores taoístas lo afirman como el principio de todo. En el taoísmo el punto de partida es el cuerpo y la realización del individuo en sus misterios se lleva a cabo a través de la búsqueda de él en nuestro interior. Si intentamos situar el taoísmo en el tiempo, veremos que resulta imposible por no existir documentos históricos que nos den a ciencia cierta esta aproximación. No encontramos estos datos en el libro principal de esta doctrina, el Tao Te King. La inexistencia de datos históricos y personales en este libro nos lleva a comprender su intemporalidad y la valía de su contenido a lo largo de las diferentes épocas. Se le atribuye su escritura a un personaje cuyo origen y realidad se funde entre la mitología y el folclore popular: Lao Tse. Todo lo relativo a este personaje resulta impreciso. En la transmisión oral y en escritos muy posteriores a su virtual existencia, se cita que nació con ochenta y un años de edad. Según la costumbre china, la gestación de un niño dura diez meses puesto que el punto de inicio que se utiliza para calcularla es el momento de su concepción y no el día de su nacimiento. El darle un año al periodo de gestación coincide con los cálculos de los chinos sobre los diez meses lunares que equivalen a un ciclo solar completo. En la tradición, los hombres excepcionales tienen una gestación de doce meses y los grandes sabios de dieciocho. Algunos autores indican que esto es una forma metafórica de situar a Lao Tse en tiempos inmemoriales. Lao se puede traducir como «viejo» y Tse como «niño» o «maestro
filósofo». En algunos escritos se le nombra como Lao
Dan (Anciano de Orejas Largas). El historiador chino Sima Qian
(145- Abordaremos un estudio mucho más concreto sobre Lao Tse y el Tao Te King en un artículo posterior. Sin embargo, citarlo como eje del taoísmo resulta imprescindible para comenzar nuestra singladura por esta filosofía. La historia del taoísmo es muy confusa. Está llena de lagunas de información y sus orígenes se hunden en lo más profundo de la historia del pueblo chino, sin que existan rasgos históricos fehacientes que nos permitan una aproximación historiográfica justa. Algunos autores citan hechos y personajes con gran naturalidad y confianza sobre la existencia de esos sucesos y esas personas. No obstante, tenemos que saber que no existe ningún libro que aborde la historia del taoísmo a través de las diferentes épocas. Las causas a las que podemos atribuir esta carencia documental son diversas y las iremos vislumbrando a lo largo de este primer artículo. Resulta innegable que el taoísmo bebe de las fuentes del chamanismo chino, cuna de sus principios, práctica y creencias. Es por este motivo que todo estudio, de mínima seriedad, sobre lo que se conoce del taoísmo comience en este punto de partida. Sin embargo, nuestros conocimientos sobre este particular también son muy limitados y lo único que nos permite determinar la ascendencia chamánica de algunas particularidades del taoísmo se centra en comprender que magia, superstición y misterio se funden en lo más recóndito del taoísmo. Los primeros testimonios que nos presentan los inicios del pensamiento chino se remontan a la civilización Shang y se corresponden a restos arqueológicos de caparazones de tortuga y omóplatos en los que se encontraban diferentes inscripciones que obedecían a fines adivinatorios u oraculares. Esto nos da una idea de una práctica o unas creencias religiosas en las que el ser humano intenta la comunicación con algo superior que conoce lo venidero. Los rituales y las doctrinas que utilizaban estos interlocutores del cielo nos resultan, en un grado superlativo, desconocidos. El descubrimiento arqueológico de estos restos oraculares responde en gran medida a circunstancias azarosas. En la medicina tradicional china, se utilizan los denominados plastrones de las tortugas para la elaboración de un medicamento contra la malaria, se les conoce como «huesos de dragón». Estos plastrones son los petos ventrales de las tortugas y el proceso para obtener el medicamento comienza con la trituración de éstos. En 1899 un experto en textos antiguos llamado Wang Yirong tuvo conocimiento de estos caparazones oraculares cuando uno de sus familiares se apercibió que algunos de estos plastrones llevaban inscritas una serie de grafías desconocidas. Wang empezó a coleccionar caparazones de tortuga con estos textos inscritos y concluyó en sus investigaciones, junto con las de otros eruditos coetáneos suyos, que aquellos símbolos eran una forma arcaica de la escritura china de su tiempo. En 1928 se fundó
la Academia Sínica que envió un equipo de excavación
a Xiaotun, lugar en el que se suponía el origen de
estos restos. Entre los años 20 y 30 aparecieron, fruto de estas excavaciones,
más de Los textos descubiertos en estos caparazones eran muy variados. Tras investigar sus significados, se encontraron en ellos descripciones muy diversas, pero algunas no dejaban lugar a dudas: los Shang realizaban una forma de proceso oracular. El sistema consistía en una fórmula para confirmar las predicciones de los adivinos. Estas predicciones eran escritas en los caparazones de las tortugas para aplicarles con posterioridad un objeto caliente hasta que el caparazón se resquebrajaba. Las grietas que se producían eran interpretadas para dar validez a la predicción. Hallamos en esto restos de una actividad adivinatoria similar a la del chamanismo de otras culturas (runas, huesos, piedras, etc.). Quizá lo que nos aporte a nivel representativo es que podemos situar, desde un punto de vista histórico, los comienzos del diálogo con lo oculto, un diálogo que llegaría a desembocar en una religión del pueblo. En los ritos taoístas que conocemos en la actualidad, así como en los elementos interiores de los templos de los pueblos, se utiliza mobiliario similar al encontrado en las excavaciones de la cultura Shang. Los pebeteros adornados con dibujos denominados Taotie, que se asemejan a los diseños espirales y caóticos del taoísmo posterior, aparecen como elementos insustituibles en los ritos taoístas. Existen restos arqueológicos, datados en el siglo iii antes de Cristo, en los que se han hallado pebeteros de bronce con una montaña invertida en su interior (boshanlu) y que se han relacionado con prácticas meditativas. En estas prácticas, el adepto intenta representar en su mente, mediante la visualización continuada del objeto, una montaña sagrada en la que descubrir los secretos de la inmortalidad, uno de los pilares ideológicos del taoísmo. El interés por la inmortalidad queda constatado en los numerosos manuales sobre higiene corporal y ejercicios energéticos atribuidos a sectas de origen taoísta. Este interés por preservar la vida se refleja en una figura mítica y emblemática de la cultura china: el Emperador Amarillo. Se le sitúa en el
tercer milenio antes de nuestra era y, en la mitología china, ocupa el lugar de
civilizador que trajo numerosos conocimientos a esta cultura. Entre ellos está
el de la forja del metal. En esta mitología se le atribuye a Lao Tse la transmisión de este
arte al Emperador Amarillo. Es evidente que, por orden cronológico en lo que
nos ha llegado sobre esta supuesta figura, resulta improbable que el Lao Tse presente en las Memorias Históricas de Sima Qian (145- Sobre estas figuras se fundamenta la visión cosmológica del Tao que apareció en el siglo iii antes de nuestra era. Desde entonces comienzan a aparecer en tumbas, inscripciones y objetos relativos a la búsqueda de la inmortalidad. Sudarios con representaciones grabadas de la ascensión a los cielos del fallecido y copas, así como contratos en los que aparecen símbolos que, a modo de contraseña, permitían a los fallecidos entrar en el paraíso. Estos elementos
arqueológicos certifican una actividad previa que algunos historiadores han llegado
a citar como de gran esplendor filosófico. Nos referimos a las épocas Chunqiu («Primavera y Otoño», La taoísta no fue una de las principales, quizá por la premisa de sus representantes que centraban toda su filosofía en torno a la figura del Tao. En sus comienzos, los primeros taoístas fueron letrados ocultos (yin shi), desencantados de la realidad social impregnada de males. La mayor parte de estos problemas humanos se atribuía a los gobernantes, origen y causa de la mayoría de los males que aflige a la humanidad. Es quizá por esto que el taoísmo se muestra como antítesis de las otras escuelas de pensamiento predominantes en la época, los confucianos y los legistas. Es ya en la
dinastía Han ( La importancia de este movimiento es crucial en el desarrollo de una cadena de acontecimientos que nos permite conectar las diferentes épocas del taoísmo. Su origen son las supuestas revelaciones que Lao Tse realiza a Zhang Ling, primer «maestro celeste». Muchos autores citan éste como el momento en el que se crea el taoísmo como religión viniendo a renovar lo transmitido por los maestros anteriores a este momento histórico. Nos encontramos ante un linaje sucesorio que se ha perpetuado hasta la época actual y ha sobrevivido a la entrada de las grandes religiones en el continente asiático. Víctimas de la presión que las tropas extranjeras ejercieron en la parte norte del país hasta concluir con su conquista parcial, los maestros celestes se vieron obligados a desplazarse al sur de china en el que aún existían escuelas que conservaban los antiguos secretos del taoísmo de la época Han. De este encontronazo cultural, en la segunda mitad del siglo iv de nuestra era, nace el movimiento denominado Mao Chan que atribuye sus orígenes a las revelaciones recibidas por una familia importante del sur de china. Estas revelaciones se realizan por medio de médium que contactan con los poderes divinos y reciben sus enseñanzas y consejos por medio de visiones y escrituras de inspiración celestial. |


