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La intuición PDF Imprimir E-Mail

LA INTUICIÓN

 

Dejo reposar mi cuerpo flotando mientras que el vaivén de las olas me mece en un cálido gesto maternal. En un instante mis ojos se abren y comprendo que, una vez más, lo eterno me comunica a través de un algo desconocido que el momento ha terminado. Justo en ese instante mi cuerpo se sumerge en el agua víctima de una ola solitaria que rompió el ritmo de mi sueño.

 

 

Intuir no debe ser sinónimo de magia o fenómeno incomprensible. La intuición se presenta ante nosotros como un resto de nuestros más ancestrales instintos, de nuestra capacidad para oír lo inaudible y ver lo invisible.

 

Los diferentes matices que se pueden apreciar en los estadios sensibles del ser humano nos llevan a entender lo lejos que estamos de ellos y nuestra dificultad para abstraernos a la conciencia suprema abriendo nuestras puertas a la comprensión intuitiva.

 

Intuir, sinónimo de vivir conscientemente el momento presente, más que una meta para el artista marcial, debe ser una realidad practicable a diario a través de la ejecución consciente de todos nuestros actos.

 

La proyección a futuros inventados por nuestra mente nos aparta del presente constante y, por lo tanto, de todo lo que él encierra. Sus mensajes, indescifrables por la lógica, desaparecen de nuestra visión que se centra en un futuro improbable.

 

Para intuir, tenemos que aprender a sentir y para sentir tenemos que ser uno con nuestra naturaleza primordial y universal. Resulta imposible plantearse el desarrollo de este factor sin la búsqueda del silencio interior.

 

Hablar de intuición es hablar de un lenguaje sin palabras. Componer poemas con lo venidero, anunciado en los vientos del presente, nos permitirá entender cómo, por qué y cuándo surgirá el conflicto que nos obligue a direccionar nuestras energías hacia el foco de la amenaza. Para ello, debemos trabajar en la meditación, en la búsqueda del silencio profundo que nos permita la comunicación con la madre naturaleza y con el padre «presente» para, gracias a su relación, abrirnos al lenguaje intuitivo que no requiere gestos, palabras ni pensamientos, sólo la pura acción, uno de los pilares que forman la personalidad del artista que camina en la búsqueda de los sentidos que conforman su existencia.

 

 
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