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LA MEDITACIÓN

 

Maestro, el amor a la soledad me está convirtiendo en un objeto. Cuando comienza mi meditación vienen a visitarme una miríada de pensamientos que impiden el natural proceso meditativo. ¿Qué puedo hacer?

Primero elimina la pregunta ¿Qué debo hacer?, después elimina la consciencia de que los pensamientos tienen entidad propia para venir a visitarte, después olvida que has comenzado a meditar y finalmente olvídate del amor a la soledad. Simplemente siéntate y existe.

 

 

El proceso de la meditación ha sido abordado por muchos maestros espirituales. En el camino de las artes marciales, meditar debe ser una regla primordial para encontrar nuestra esencia interior.

 

El ruido del pensamiento no sólo interfiere en nuestra capacidad de acción durante una situación de peligro, también interfiere en nuestra capacidad para asimilar las técnicas precisas para salir airoso de ese tipo de situaciones. Del mismo modo impide que podamos conectar con otras  y, en última instancia, impide que nuestra mente pueda acceder a un plano de entendimiento superior.

 

Para abarcar la meditación debemos, en primer lugar, entender su importancia en nuestro caminar. No meditamos para tranquilizar el alma o el corazón. Meditamos como una parte más de nuestro entrenamiento. Los resultados espirituales que obtenemos de las diferentes facetas de nuestro entrenamiento son naturales y no obedecen a un interés particular ni a un objetivo fijado. Diremos que entrenamos para la adquisición de una serie de experiencias que nos permitan sobrevivir y que, de forma inherente, se desarrollan y adquieren unas características que hacen que nuestra parte espiritual también se desarrolle y sobreviva.

 

El guerrero interior que buscamos subyace en una maraña de estructuras mentales que impiden la natural flotación de esa esencia. Meditar es acallar ese proceso de preguntas y respuestas sobre todo lo que nos rodea. Es, en esencia, permanecer sintiendo como una parte más de la naturaleza que no se pregunta a sí misma el motivo por el que existe, se limita a existir.

 

Cuando nos limitamos a existir, todas nuestras conexiones con el entorno se intensifican en un grado indescriptible. Podemos llegar a la unión inmaterial con nuestro hábitat, con la naturaleza, con las personas que nos rodean, con el espíritu que lo abarca todo. Sin ese entrenamiento de la mente no podemos acceder a los planos de comprensión necesarios para evolucionar tanto a nivel técnico como al nivel de la comprensión intuitiva de lo que va a ocurrir. Ello es posible y cientos de maestros lo han demostrado una y otra vez a lo largo de los años.

 

La meditación, como ejercicio, precisa una evolución progresiva. No podemos sentarnos directamente durante un par de horas y pretender que nuestra mente se calme y alcancemos un despertar repentino. La primera fase que debemos abarcar es la de la concentración. Tenemos que desarrollar la capacidad de fijar nuestra mente en un objeto o entidad mental y conseguir que no se aparte de allí empujada por otros pensamientos que no tienen cabida en ese instante.

 

A colación del apartado anterior, éste es también el principio del autocontrol, si somos capaces de controlar nuestro pensamiento, somos capaces de controlar nuestras acciones. Después de desarrollar esta capacidad, abordaremos el destierro del pensamiento como tal, de forma progresiva y sin intenciones.

 

El entrenamiento marcial es una forma perfecta de desarrollar la concentración. Mientras entrenamos, todos nuestros sentidos se aplican en una misma dirección y ese entrenamiento no deja de ser una preparación para la meditación. Tras la ejecución del entrenamiento podemos disponer de unos instantes para recrear mentalmente lo que hemos hecho, todas aquellas actividades que han formado parte de nuestra sesión de entrenamiento técnico. Con ello no sólo hemos trabajado la concentración durante el movimiento, también comenzaremos a desarrollar la concentración posterior. Empezaremos a gobernar nuestro pensamiento hasta llegar a obtener el poder suficiente para que nuestros razonamientos involuntarios dejen de existir. La voluntad de eliminarlos no deja de ser, por propia naturaleza, otro razonamiento, por lo que debemos esperar que se apaguen por sí mismos, debemos ser pacientes hasta que llegue ese inevitable momento.

 

Múltiples elementos se desarrollarán sobre nuestra mente durante la práctica del ejercicio meditativo. Nuestra intuición avanza, comenzamos a ver la esencia de las cosas, y de las personas, desprovista del velo de las propias interferencias creadas por ellas mismas. Ese avance de la intuición y esa visión clara de lo que tenemos frente a nosotros se debe a una conexión con una vibración extracorpórea que une las mentes y las esencias de todos los seres existentes.

 

Las personas somos materializaciones de energías muy sutiles que confluyen en la existencia por la armonía extraordinaria de la música del cosmos. Somos notas musicales de una sinfonía dirigida por un algo incomprensible al que no debemos dedicar ni un sólo instante de nuestra existencia para intentar comprenderlo. Su comprensión está más allá de los límites y capacidades de una mente racional. Si definimos mente racional a la excepción de esas energías en la que fluimos en un bucle dentro de nosotros mismos, entenderemos que dentro de esa retroalimentación no se podrá jamás alcanzar la comprensión de ese algo mucho más complejo, grandioso y ajeno a los mecanismos energéticos que soportan nuestras diferentes lógicas mentales, y que, a su vez, nos abarca a nosotros mismos y nos proporciona la densidad y la energía que genera nuestra existencia.

 

En un plano mucho menos metafísico, tenemos que entender que es posible una comunicación extracorpórea entre personas. Existen miles de casos que no voy a citar en este texto, siempre aludo a la experiencia personal como referencia para la confirmación de sucesos excepcionales. Si miramos en detalle comprenderemos que dichos sucesos de comunicación existen. Quién no se ha anticipado en alguna ocasión a responder una pregunta que alguien pretendía hacernos, pero que aún no había formulado.

 

En el caso que nos ocupa, el desarrollo de esta capacidad resulta imprescindible para alcanzar la unión mental con nuestros oponentes. De ahí surgirá la anticipación.

 

Pero ¿qué mecanismo estructurado permite que estas herramientas funcionen de forma coordinada para lograr nuestra supervivencia?

 

Hemos visto hasta ahora algunos de ellos. Todos pasan por una correcta coordinación natural para que su efectividad se manifieste en el momento necesario.

 

La meditación es una pieza clave para poder organizar todas estas habilidades dándole el poder necesario a nuestro espíritu. Esta gimnasia de la mente que termina abriéndonos mil puertas para la evolución como seres humanos y como espíritus está delimitada por unas dimensiones inabarcables en un artículo. Muchos textos se han escrito sobre ella. Sin duda, una parte de nosotros se resistirá a perder el tiempo sentados frente a una pared, pero, una vez que hemos vencido inicialmente esa resistencia, podremos comprobar poco a poco como esta práctica incide en proporcionarnos una nueva perspectiva de nuestro camino y nos ayuda al desarrollo de todos los trabajos implícitos en la práctica de cualquier arte marcial.

 

 
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