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LA PRÁCTICA MARCIAL
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NO PENSAMIENTO Percibo la luna, sentado entre las arenas de esta
playa que me obliga a detenerme. En unos instantes me domina la observación de
su grandeza y siento que mi pensamiento me abandona. Sólo quedamos
esencialmente la luna y yo. Apenas puedo distinguir quién es quién. ¿Seré yo la
luna que sueña con ser persona o soy una persona que sueña con ser luna? La base de
nuestra sociedad es el razonamiento constante. Pensar es sinónimo de
existencia, «pienso luego existo». Esta afirmación de René Descartes nos
presenta con rotundidad el panorama ante el que nos hallamos. En oposición nos
encontramos con la visión budista del concepto «pensamiento» como la posible
causa de la mayoría de nuestros males. Los taoístas de diferentes escuelas
coinciden en tratar el pensamiento con una interpretación no tan generosa como
la de Descartes. En las artes
marciales, el pensamiento debe ser un instrumento. La concepción de nuestras negatividades y positividades
debe ser siempre utilizada de forma constructiva para alcanzar el objetivo de
nuestra búsqueda. Pensar es útil
en determinadas situaciones. En otras no lo es en absoluto. Interpreto para el
caso el «pensar», con la utilización del razonamiento consciente y no
englobando en esta interpretación todas las acciones de nuestro cerebro. Cuando
pensamos, una serie de procesos internos se desatan. Estos procesos inutilizan
una parte importante de nuestras diferentes capacidades de reacción ante una
agresión. Es por ello que, durante generaciones, guerreros de todas las
civilizaciones han eludido el pensamiento durante la acción. Si observamos
la obsesión de algunos guerreros samurai por el Zen,
comprenderemos que lo que, en primera instancia, los llevaba a esta vertiente
del budismo era precisamente la instrucción matemática que esta escuela realiza
para el control del flujo del pensamiento. Insisto en que
me refiero al pensamiento como al razonamiento sobre lo que está ocurriendo.
Cuando la acción se realiza, el pensamiento es un obstáculo. El fluir de la
técnica debe ser armonioso con lo que va aconteciendo y, por lo tanto, razonar
sobre lo que ocurre no es, en absoluto, necesario durante este instante.
Entonces surge la pregunta ¿para qué tanto entrenamiento consciente y razonado?
La respuesta es, a simple vista, sencilla. El razonamiento nos permite
comprender el proceso durante el cual insertamos en nuestro subconsciente una
serie de acciones reflejas. Éstas estarán impresas en nuestro interior si somos
capaces de comprender su naturaleza. Más que comprender para lo que sirven,
trataríamos de afianzar la confianza en ellas mediante este razonamiento lógico
y, de esa forma, permitir que nuestro subconsciente admita la inclusión de lo
que se aprende de forma repetitiva y razonada. Podemos
entender una explicación técnica, podemos realizar mil elucubraciones sobre
ella, pero si no poseemos la capacidad de ser tenaces en su introducción en
nuestro patrimonio reflejo, no nos servirá de nada la comprensión y el
entendimiento de la naturaleza de la técnica. Comprendiendo su significado,
nuestra mente piensa que tiene un conocimiento absoluto de la acción que se
está introduciendo en nuestro subconsciente, por lo que no volverá a
interrumpirnos durante el proceso de mecanización de la acción. Tenemos que
comprender que nuestra reflexión siempre será más lenta que nuestro reflejo
ante una técnica ofensiva realizada de forma determinante. Sólo nuestra
capacidad de respuesta sin interferencias podrá aglutinar las máximas
velocidades de reacción ante lo que nos viene, la forma en que lo hagamos
dependerá de la calidad de nuestro entrenamiento y de las técnicas que hayamos
trabajado hasta convertirlas en parte de nosotros mismos. Aprender a no
pensar no es sencillo. La meditación se presenta como un camino óptimo para
lograr este control mental y, por lo tanto, su inclusión en nuestros ejercicios
debe ser obligada para permitir que, bajo el auspicio de la no intervención
mental durante el combate, fluyan el resto de cualidades que hemos adquirido
con nuestro entrenamiento. |
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