¿POR QUÉ ESTUDIAR ARTES MARCIALES?
Camino buscando algo que desconozco y con el
paso de los días sigo sin encontrarlo, continúo buscando y andando tras lo
desconocido, finalmente ante el desconsuelo de no encontrar nada, lo comprendo.
Sin la búsqueda no hubiese recorrido ningún camino.
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Lo cierto es que
esta pregunta resulta mucho más compleja de lo que puede parecer a simple
vista. Intentaré evitar al máximo la retórica explicativa, pues a veces no
sirve ésta más que de complicación en un entendimiento que siempre debe tender
hacia la simpleza de conceptos.
Resulta indudable que vivimos en una sociedad en la que el individuo goza de
unas libertades y una legislación que garantiza la seguridad de todos y cada
uno de nosotros. En tal situación ¿por qué abordar el estudio de un sistema
marcial?
El origen de las artes marciales en sus diversas facetas presenta un importante
desarrollo a partir de la idea de la supervivencia. Quizá sea éste el factor
más determinante a la vez que, según algunos estudiosos, ha servido de ley de
selección natural de los estilos de lucha en tanto que, el arte que no permitía
a su exponente la supervivencia, desaparecía con su portador frente al que le
había superado y vencido.
Particularmente no pienso que esto sea del todo cierto ya que, no sólo es
atribuible una victoria en una contienda a la superioridad técnica de un estilo
sobre otro, sino a la interpretación individual que sobre un estilo determinado
realiza un púgil. En este orden, sería tan importante el estilo como el
individuo.
Por lo tanto, la evolución de las vías marciales que conocemos en la
actualidad, siempre ha tenido como factor determinante la supervivencia tanto
del maestro como de su sistema, ligados en una fusión estilo/persona que,
irremediablemente, aglutinaba los destinos de ambos en una misma contienda.
Con este razonamiento, la nueva sociedad —de supuesta seguridad— en la que
vivimos, debería entorpecer el normal crecimiento y la selección natural de los
estilos que no están sometidos de una forma tan feroz a esta selección natural.
Quizá el contexto ha cambiado y por ello, también han cambiado los enfoques
para desarrollar las artes marciales. Ahora no se hace precisa la demostración
de la validez tanto del practicante como del estilo en una situación real, se
somete al razonamiento de la lógica el entrenamiento, cada movimiento, técnica,
gesto y voluntad implícita en la práctica, presuponiendo el practicante la
validez de las fórmulas que ha decidido ejercer.
Es más, me atrevo a afirmar que, valorar en términos de efectividad el estilo
de lucha practicado obedece a una valoración muy pobre de su propia estructura,
ya que se excluye el factor humano del conjunto de jueces de valoración que
deben emitir el dictamen concluyente del estudio.
La lucha, el arte y el individuo son una tríada de elementos fusionados,
mancomunados, solidarios e indivisibles en cualquier valoración que se pretenda
realizar sobre el tema y, por lo tanto, es aquí donde debemos encontrar los
motivos por los que decidimos abordar una práctica como la nuestra, sin un
sentido aparente para la supervivencia social del individuo. Hablamos de
supervivencia social cuando en realidad deberíamos referirnos a supervivencia
global.
¿Acaso no es sobrevivir el tener la capacidad de mantenerse físicamente sano en
un ambiente polucionado y con unos hábitos sociales
nefastos para nuestra naturaleza? ¿No podemos hablar de supervivencia al no
sucumbir, en todas nuestras relaciones humanas, al miedo hacia una personalidad
superior que nos intente dominar en el entorno laboral, familiar o social?
Superar nuestros miedos siempre resulta una forma de supervivencia, no desde un
enfoque de inconsciencia, pues no hay valentía en quien desconoce el riesgo o
el peligro que corre al abordar una situación determinada. El dar a nuestra
persona la capacidad de jugar a un juego que nos ha seguido durante toda la
existencia de la humanidad, permite una gran ayuda psicológica para superar una
situación social en la que esa faceta de nuestra humanidad tiende supuestamente
a perderse o permanece latente en un interior cada vez más desconocido.
Por lo tanto, preguntarnos qué nos lleva a iniciar una práctica marcial debería
ser una cuestión individual que cada persona se debe realizar en virtud a los
acontecimientos particulares de su vida, y sobre todo, por los acontecimientos
mentales que le lleven a realizarse esta pregunta ya que la misma implica, de
forma subyacente, la respuesta.
Vencer. Ésta es, en síntesis, una respuesta del todo plena de significado
puesto que en ella confluyen cuantos argumentos queramos plantear para iniciar
el estudio de las artes marciales. Vencer los miedos propios para poder
percibir la realidad de un presente que muchas veces se escapa en el tren de
nuestros temores, desviando lo real de nuestra percepción para presentarnos
otra, en muchos casos ficticia, que sea menos dolorosa para la imagen que
tenemos de nosotros mismos. Practicar un arte marcial es iniciar el combate con
uno mismo en todos los territorios de nuestra geografía humana. Se trata por
una parte de concentrar nuestras más primarias esencias e interpretarlas sin la
intervención del razonamiento para conseguir, a través de la comprensión de
nosotros mismos, comprender nuestro significado y responder a preguntas tan
complejas que nuestra mente no puede responder de forma lógica. Decidimos una
práctica y el significado que le otorgamos individualmente a esa tarea ocupará
casi la totalidad de lo que seremos capaces de conseguir a través de ella.
¿Es lógico entrenar durante horas, sufrir diferentes tipos de dolor corporal y
mental, vencer límites que mentalmente se hayan enquistados para el impedimento
de una evolución quizás inevitable? Sí, lo es en el momento en que al inicio de
la práctica una respuesta sin palabras surge en nuestro corazón y nos informa
que hemos tomado por fin el rumbo correcto en nuestras vidas. Lo es en el
instante que comenzamos a sentir la seguridad que nos aporta una práctica marcial
tradicional.
Se solidifica en nuestro corazón y en nuestro pensamiento cuando somos capaces
de comprender que, a través de un gesto desarrollado quizá hace miles de años,
diferentes mecanismos corporales asociados a nuestra mente se ponen en funcionamiento
para obrar un cambio, el cambio de la persona que pasa a flote por la vida a la
persona que es capaz de nadar y elige la dirección de su naturaleza real. Es
muy probable que existan otros sistemas que consigan lo mismo pero,
indudablemente, las artes marciales han demostrado a lo largo de la historia,
ser un camino sólido y estable para el desarrollo personal del individuo, al
margen de la efectividad de sus técnicas de lucha. Decidimos entrenar artes
marciales porque queremos vencer nuestras propias debilidades y evolucionar a
seres humanos completos.
El Hombre es un Dios asustado, cuando fallece el miedo, sólo queda Dios.