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SEXUALIDAD ESPIRITUAL PDF Imprimir E-Mail

De todos los impedimentos con los que te has topado a lo largo del camino, ¿cuál ha sido el más difícil de superar?

El gobierno de la energética sexual.

Has sido muy contundente. Ni siquiera has pensado la respuesta.

No la he pensado porque es un elemento con el que trato a diario y que requiere de una actividad especial en nuestra búsqueda espiritual.

Me sorprende que no lo hayamos hablado hasta ahora, ¿acaso eres célibe?

No, en absoluto. Vivo con mi pareja el amor profundo y sincero que nos corresponde como seres vivos.

Creo que no entiendo muy bien a qué te refieres. Sé que tienes pareja aunque vives una vida casi monástica ¿Cómo puede compaginarse esta aparente incoherencia?

Creo que la pregunta está mal formulada. Mi relación es, precisamente, el pilar fundamental de mi propia coherencia vital. Lo que se puede entender como vida monástica, en mi caso, está compuesto por otros elementos ligados a las disciplinas que practico. Espero que no confundas algo tan básico.

Lo siento, quería referirme a cómo gestionar una vida sexual dentro de un camino espiritual.

La sexualidad no es un elemento exógeno del ser humano, no es una tendencia aprendida o maligna como algunos apuntan. Estamos tratando de hablar sobre una potencia energética enorme, posiblemente la más potente de todas nuestras energías porque tiene la facultad de canalizarse en un momento para producir una conciencia individual propia.

Te refieres a tener hijos.

Claro, me refiero a la posibilidad de crear vida semejante a nosotros.

Cierto, creo que es una energía muy potente y es precisamente por eso por lo que te he preguntado por tus impedimentos. Creo haber llegado a la conclusión de que no puedo ni podré gobernar nunca esta energía.

Y yo creí que habíamos acordado no asentar paradigmas definitivos sobre las capacidades del ser humano respecto a su propio gobierno. Tú puedes modificar todo aquello que tu espíritu te dicte, tu alma humana tiene el poder de gobernar y canalizar correctamente cualquier energía de nuestro entramado.

Sí, en muchas otras cosas que me afectan en la vida siento ese poder, pero en lo relativo a la sexualidad siento que es mucho más poderosa que mi propio espíritu.

Creo que te comprendo, pero explícate con un poco más de detalle.

En mi práctica meditativa intento concentrarme y nada me distrae. Consigo mantener mi mente en calma y centrarme en mi conciencia cuando de pronto aparece en mi mente una imagen femenina y...

¿Y bien…?

Pues que me trastoca todo, me saca de mi concentración, me obliga a realizar un enorme esfuerzo para reprimir ese pensamiento, me…

¡Un momento! ¿Esfuerzo de represión?, creo que tenemos que tratar esto.

Pero es cierto, es así como lo siento.

Claro, es así como lo estás gestionando, estás tapando una fuga sin preguntarte el origen de la fuga y las causas que la provocan. Este principio debes revisarlo todos los días porque si no lo haces estas ideas se encajarán en ti con gran sujeción y llegará un momento que no tengas manos suficientes para tapar todas las vías que se han abierto en tu corazón.

Nuestra energía sexual, al ser la energía más potente de todo nuestro entramado, requiere una actitud constante frente a ella. Necesita una gestión correcta para entenderla debidamente. No podemos dejarla evolucionar por si sola en nuestro ser porque acabará acaparándolo todo.

Pero se supone que es mi energía, que en realidad soy yo mismo, debería tener poder de gobierno sobre ella.

No, es tu energía, pero no define tu completitud, no te identifiques totalmente con una parte de las muchas que te forman. Tienes gobierno sobre ella pero debes saber qué instrumento utilizar para manejarla sin perturbar tu naturaleza primordial. Siempre debes tener presente en tus meditaciones no identificarte con los elementos emergentes de ti.

Ahí es dónde está mi conflicto, dónde está mi duda. Si siento con esta intensidad esta energía será porque, en parte, mi naturaleza me está empujando a ello. Es decir, el ser humano tiene que reproducirse y quizá todo lo que nos reprimimos forma parte de un sistema moral de control sobre este proceso. ¿No estaremos cercenando algo que es consustancial a lo humano?

El tema es mucho más profundo que todo esto. Sentémonos y charlaremos detenidamente sobre ello, creo que merece la pena que entremos en el asunto con la pulcritud y meticulosidad que algo tan importante nos exige.

En primer lugar quiero que revisemos a dónde nos llevaría finalmente esta energía si le damos rienda suelta.

No sé, ¿a vivir una vida sexual plena?

No. Intenta no buscar soluciones rápidas y fáciles. Una vida sexual plena no se caracteriza por un despilfarro indiscriminado de esta energía. La plenitud no patológica de cualquiera de nuestras energías tiene que proporcionarnos la serena felicidad del equilibrio, quizá sería más correcto acentuar esta palabra en términos de plenitud.

¿Equilibrio?

Sí, equilibrio. Cuando damos rienda suelta a nuestra sexualidad ocurren diferentes cosas negativas para nuestra evolución espiritual.

¿Cómo cuales?

No seas impaciente, te lo voy a explicar con detalle.

Por una parte se acabarán anulando los ejes de discernimiento correspondientes a las otras energías. La sexualidad puede acabar convirtiéndose en el eje de la existencia, una existencia que estará condicionada, no sólo por el placer físico fruto de estos actos, también por la rumiante idea en nuestra mente de nuestra próxima intervención, de nuestra próxima conquista, de nuestro próximo placer.

Esto es tremendamente negativo porque polariza de tal forma nuestra conciencia que todo pasa por convertirse en un medio para llegar siempre a este mismo punto de placer sensual, para un cuerpo con una energía limitada y una capacidad de acción sexual igualmente limitada.

En segundo lugar, nos impide la profundización espiritual en nuestra dualidad correspondiente, en nuestro yin personal y en el yin de referencia que debería ser la pareja.

¿Te estas refiriendo a que debemos ser monógamos?

No exactamente. Quiero referirme a que la búsqueda de elementos profundos de nuestra energía no se presta a la dispersión superficial que supone un continuo cambio de contexto o una fijación en el sentido carnal del acto. Necesitamos insistir en un punto de nuestro ser para comprender las capas subyacentes, sutiles, en las que se irá anclando nuestra conciencia en su proceso evolutivo.

¿Y eso hay que hacerlo desde una relación monógama?

Sea como fuere, lo entiendo personalmente así. No podemos llegar a esta referencia compartida, no podemos establecer una relación sincera de amor si lo que prima en cualquier caso es la relevancia que le damos a los elementos voluptuosos. Estamos ante una energía de carácter centrífugo y, por lo tanto, nos exige la contramedida de encajarla en el orden espiral de nuestro crecimiento ajustado al eje de nuestro ser. La referencia con nuestra pareja en términos de relación, de interacción y de crecimiento, puede imponer un orden intrínseco a este tipo de movimiento energético.

Ok. Entendido que la tendencia de la fuerza de lo sexual nos aleja progresivamente de nuestro centro. También que la canalización a través de una pareja estable nos permite profundizar en ella a través de esta energía, pero, ¿acaso no podemos caer en el mismo exceso dentro de nuestra propia pareja estable?

Por supuesto. Por eso te he señalado que la solución no es exclusivamente ser monógamos, ese es tan solo uno de los puntos desde los que podemos abordar este control energético.

Vale, todo esto lo entiendo pero ¿en qué punto confirma esto que no sea verdaderamente mi naturaleza?, ¿cómo sé que no me equivoco controlando esta energía cuando es posible que mi propia existencia no sea más que un eco de ella?

Ahí creo que te estás perdiendo un poco ¿ves la fuerza que tiene?, ¿ves hasta qué punto se refinan tus argumentos para no abandonar una tendencia? En este punto, la energía actúa como una idea encajada, como una droga inalterable que te suscita un retorno constante a ella, que la justifica.

Creo que lo estás demonizando un poco ¿no?

Claro, te estoy hablando de algo que los antiguos maestros llamaban demonios, ideas que se insertaban en tu mente y que dirigían el control de tu ser hasta sus últimas consecuencias.

La sexualidad es uno de los regalos de la existencia, es una maravilla que nos permite el nivel de acceso más profundo en el Ser. Podemos tratar de entender su potencial, de comprender a dónde nos lleva el ser dominado por ella y a dónde podemos llegar cuando la utilizamos en nuestro proceso de evolución consciente.

Para ello debemos controlarla constantemente, no reprimirla con artimañas o flagelaciones. Debemos evaluar en términos de utilidad a todos los pensamientos que nos sacan del instante. El verdadero equilibrio en el placer es la conjunción equitativa del acto de dar y de recibir.

La sexualidad no es más que una tendencia, una posibilidad de acción entre miles. Podemos disfrutar al máximo de una relación con nuestra pareja mientras somos conscientes de sus sentimientos y de los nuestros, de lo que nos une y de lo importante que es en nuestro entramado psíquico esa vivencia común, íntima, profunda y trascendente.

Ahora parece que hablas de iluminación.

No estás muy desencaminado. Muchas tradiciones han tratado este asunto así.

Pero una relación de pareja es muy compleja, demasiado compleja para poder establecer este tipo de unión ¿mística?

Haces bien en nombrarlo así. Ciertamente estamos ante un contexto complejo, pero en nuestra mano está la dirección del viento que nos proyecta a nuestro destino personal. El potencial de convertirnos en lo que realmente pretendemos. Es cierto que la duda sobre nuestra naturaleza primordial quita fuerza a nuestro control sobre esta idea sexual enquistada.

Utilizaré el lenguaje metafórico que tanto te gusta. Piensa en el barro, con su posibilidad de manchar la ropa, de ser simplemente una fina partícula en un cristal, ser un jarro, una plancha térmica en un transbordador espacial o una maravillosa obra de arte. Sin lugar a dudas, la esencia del barro es un pequeño grano que, en conjunción con otros pequeños granos y gracias al agua, ese elemento sagrado para la vida, adquiere consistencias, maleabilidades, utilidades infinitas en manos de un buscador, de un inventor de lo existente. Somos totalmente eso y por esa naturaleza fundamental nuestro espíritu, fuego regulador y director de nuestra existencia, puede definir la intensidad del modelado, la firmeza de los ángulos, la temperatura del horno o su utilidad.

No somos sexo, somos seres que disponen de esta energía para la tarea fundamental de crearse a sí mismos. Tenemos que aprender a utilizarla para poder calentar con ella lo más profundo de nuestro ser, elevar nuestra materia terrenal hasta la sublime experiencia extática del espíritu.

¿Y cómo puedo controlarla? ¿Cómo puedo decirme a mí mismo «deja de pensar en lo sexual»?

No debes abordar esa tarea desde el problema ya creado. En tus meditaciones decide a qué le das fuerza en tu vida, decide a dónde quieres mirar, a qué le prestas valor, hasta qué punto es placentero el sexo si no media el amor, esa energía que fluye del corazón a raudales y que conecta nuestros genitales con nuestro espíritu para crear la vida.

Piensa en ello como en algo sagrado.

Comprendo que resulta muy difícil con los tiempos que corren en que el uso demoniaco de imágenes sugerentes constantes, el bombardeo comercial haciendo un uso fáctico de esa energía, convierte una tarea que debería ser natural en una misión casi imposible por repetición.

Sin embargo, todo este aluvión propagandístico destinado a hacerte derramar tu esencia como un animal encelado, enfocado a que consumas todo lo que encuentres en tu camino con la finalidad de alcanzar este estado de despilfarro, todo este ataque frontal contra el espíritu puede ser abordado como una sucesión constante de posibilidades de reafirmar tu espiritualidad, rememorando tu compromiso con una búsqueda hacia lo alto y no hacia lo bajo, tu confianza en la determinación de explorar la fidelidad, sus beneficios y sus límites humanos. Solo entonces conocerás la fuerza inagotable que dicha energía, correctamente encauzada, puede proporcionar a la causa común de los seres de llegar a ser uno con el espíritu, retornando con ello a la verdadera naturaleza primordial.

Bueno, creo que no puedo digerir más. Necesito meditar sobre todo esto.

Espero que lo hagas y que podamos compartir los resultados de tus reflexiones.

Como siempre me siento agradecido y afortunado.

El sentimiento es siempre mutuo.

 

 
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