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PREGUNTAS SIN RESPUESTA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por F.J. Soriano   
Friday, 05 de August de 2011

Menuda mañana. Llevo todo el día dando vueltas de un organismo oficial a otro. Siento como si todo se volviese en mi contra para impedirme hacer lo que quiero hacer.

Quizá no estás fluyendo como debieras.

Espero que esto no sea otra indirecta añadida sobre el Wu Wei.

No es mi intención, pero supongo que has venido para que hablemos.

Si, aunque hoy no he traído nada para merendar. ¿Me invitará a un té?

Claro, tengo uno muy bueno que me han traído unos amigos esta misma mañana. Si no te importa podemos seguir charlando en la cocina mientras lo preparo.

Estupendo.

¿Sobre qué quieres que hablemos hoy?

Me gustaría hablar sobre el Tao.

¿Otra vez?

Creo que no lo hemos tratado directamente nunca

Quizá porque no se puede.

Ya, pero sigo pensando que…

¡Déjalo!

¿El qué?

El pensar. Deja de pensar en el Tao. Dedícate a vivirlo. ¿Acaso no te das cuenta que pierdes instantes maravillosos de tu vida dándole vueltas a algo sin la más remota utilidad?

Pero necesito ir enlazando algunas cosas que voy comprendiendo. Por ejemplo, me he dado cuenta de que por mucho que intentemos detener la mente, la mente no puede detenerse porque su naturaleza es la acción.

Bien.

Además, la canalización de la mente en una dirección obedece a la decisión personal de cada persona acorde a las fuerzas que operan en él.

Perfecto.

Y por lo tanto

El Té está listo. Vayamos al jardín.

Me acaba de cortar el hilo de lo que iba a decirle.

Lo siento, ibas por lo de la canalización de la mente en una dirección concreta y…

¡Ah!, eso; creo que teniendo claro que la mente es un proceso interpretativo constante del universo material que contiene el espíritu, y que el espíritu en sí se nutre de esas influencias influenciando a su vez al propio proceso en virtud a su potencia en el tándem, puedo concretar que la existencia y su significado no tienen ninguna relación de sentido.

¿Y…?

Pues eso, que no tiene ningún sentido aplicar la lógica y esperar respuestas que sirvan para algo más que para confirmar el estado constante de cuestión en el que nos veremos inmersos hasta el final de nuestros días. Filosofar es perder el tiempo.

Creo que estás enfocando el tema de una forma equivocada. La filosofía es una vía de razonamiento enfocada a tratar estos temas de los que me hablas. No creo que sea dañino para el espíritu jugar con las palabras para darle una estructura lógica a algo que a todas luces intuyes. Sin embargo, que el mundo racional no tenga una puerta de salida clara y concisa hacia el mundo de la confirmación definitiva no lo excluye como parte de lo que somos y, por lo tanto, parte fundamental de nuestra experiencia existencial.

¿Pero coincidirá conmigo en que filosofar en estos términos carece de cualquier sentido coherente?

Si, si. Coincido contigo plenamente en ello, pero también he debido subirme a ese carro durante bastante tiempo para que la perspectiva de ese modelo de razón me permitiese vislumbrar la existencia con un rango de valoración y motivación diferente.

No sé a qué se refiere.

Me refiero a que es fácil caer en depresión cuando el objeto de tu vida es entender el objeto de tu vida. Entrar en ese bucle es un proceso deteriorante del alma que le muestra únicamente los trazos que van dejando sus propias huellas en una circularidad infinita.

Sigo sin entender.

Bien, vamos a ver si lo entiendes en un lenguaje más cercano a tu realidad. En matemáticas, que creo que es un lenguaje que te resulta bastante familiar, cuando necesitamos resolver un problema establecemos un protocolo de procedimientos sobre diferentes datos numéricos que nos permitan solucionarlo. Es decir, en primer lugar establecemos una serie de pautas estandarizadas que nos permitirán abordar el 100 % de la cuestión. Cuando carecemos de algunos datos numéricos fundamentales para el protocolo de procedimientos, denominamos a esos elementos que nos faltan como X o Y, aunque éstos no sean realmente el problema en sí, sino elementos que necesitamos para comprender una cuestión de orden mayor.

Más o menos, pero siga, siga, esto pinta mejor.

Bien. Cuando planteas el problema, pospones los elementos que no conoces sabiendo que finalmente, aplicando determinados procesos a los otros datos que tienes del problema, éstos podrán darnos la solución para lo que puede resultar que signifique Y o X y, por lo tanto, consiguiendo el total de los elementos que necesitamos para resolver el problema.

A ver a dónde llegamos…

Prosigamos. El resultado viene definido por los datos que sí conocemos, por la fórmula que nos permite darle entidad numérica a los que no conocemos y por los procesos lógicos que hemos predefinido para la resolución general de la cuestión. Es decir, X o Y no pueden ser algo que escape a la influencia de los números que conocemos y al procedimiento que nuestra mente ha establecido para solventar la pregunta.

Correcto. Aunque el procedimiento se diseña y se prueba en base a una investigación que determina su infalibilidad. De hecho, toda nuestra ciencia se basa en este modelo y ha demostrado que tiene capacidad para crear computadoras o que puede llevarnos a calcular la trayectoria ideal para llegar a poner nuestros pies en la luna.

Si, si, si, pero no es ahí a dónde quiero llegar. Déjame que continúe.

Prosiga pues.

Bien. Estamos tratando con elementos y procedimientos de creación mental referidos a aquello que afecta a nuestro plano físico de existencia. La dinámica es válida y útil para ese contexto. Sin embargo, cuando lo que planteamos se encuentra en un plano de dimensión diferente, es decir, en el que los números, X o Y, o el mismo término «procedimiento» son reflejos sin forma ni definición alguna que tengan relación con nada en concreto, la ecuación no puede plantearse siguiendo este mismo modelo.

Es evidente.

No, aunque lo parece no lo es. Tú pretendes darle a Tao el mismo valor que X o Y con la esperanza de encontrar el procedimiento y los datos que te permitan solventar el problema existencial que te afecta, y el problema en sí es que no tienes ningún elemento que te permita definir el contexto, no tienes ningún elemento que te permita asemejar la cuestión y no tienes ninguna idea de cómo se opera a nivel procedimental en un contexto propio del cielo anterior. Cuando finalmente te das cuenta de que estás en este bucle sin salida, intentas salir descartando el proceso que te llevó a interesarte por la cuestión, o lo que es lo mismo, abandonas.

Evidentemente.

Pero lo que debes descartar es tu forma de aproximarte a esta inquietud que tienes por hacer que tu espíritu se eleve al plano que le corresponde. Estamos ante un punto que, de no aclararse, puede convertirte en un cínico que se ríe de un juego que no tiene sentido para él; como si él fuese el eje de todo este sentido universal o existiese alguna regla conocida para ganar la tan preciada comprensión absoluta.

Claro, es lógico siendo yo el que tiene la inquietud.

No, no eres tú, es la presión de tu espíritu que quiere aproximarse al plano sutil que le corresponde y para hacerlo se distancia, de forma natural, de los procesos racionales que le atan en sentido y existencia al plano material que, tarde o temprano, deberá abandonar y cuyas reglas no son operativas en el plano espiritual.

La presión del espíritu… A veces me quedo perplejo con las palabras que utiliza.

El espíritu, su presión por manifestarse es una constante. El intelecto, el razonamiento también ejercen su propia presión. Somos un alambique alquímico que se debate entre producir elementos sutiles o burdos.

¿Y quién determina la productividad de nuestro alambique? ¿Cómo podemos saber que la presión del espíritu no es más que un nuevo intento de nuestra mente de crear una confusión aún mayor de la que ya tenemos?

Es muy sencillo. Calla la mente. El símbolo del Tao aparece sin preguntas ni respuestas: «Es». A partir de ahí, vive tu vida material con una afirmación en tu mente vinculada a esa experiencia pura sin preguntas ni respuestas. En ese momento te puedes permitir el lujo de evaluar la conciencia humana, su proceso vital y social, sus formas, sus religiones. Puedes observarlo todo y opinar sobre todo para que, sin caer en la falsa idea de que nada sirve para nada, tu aportación personal a este fenómeno humano general esté influenciada por los elementos que tantos maestros nos han marcado como ejes de la existencia material profunda del ser humano.

¿A qué ejes te refieres?

Al amor, la bondad, la caridad, la amistad y la preocupación por el prójimo, la certeza de la necesidad que tenemos de coexistir de forma pacífica, buscando un modelo de vida sensible hacia el entorno, capaz de encontrar la felicidad en la brisa o en la sonrisa ajena, capaz de sentir la existencia sin el complemento de su utilidad material. Existe y profundiza en tu posibilidad de existir hacia la felicidad tuya y de los demás. Existe y analiza qué te aparta de esa misión fundamental del alma humana que viaja hacia la luz del espíritu. Deja de compadecerte por lo bien o mal que te van las cosas, insiste, una y otra vez, en dar lo máximo de ti en la dirección de esa luz. No te enfrasques en diálogos que no te generan más que desánimo, desilusión por la vida, por lo humano en su conjunto. Vive feliz y aporta la máxima felicidad a todo aquello que te rodea. Disfruta de la vida segundo a segundo consciente de que tu conciencia existencial existe sólo en este encadenamiento de instantes y que, pese a todo, el espíritu viajará en la dirección que le soplan nuestros actos sin más fe o confianza que la de ser consciente de que la felicidad real sólo tiene un camino. Filosofar te sirve para reafirmar esta decisión.

Menudo discurso.

Tu cabeza está muy dispersa y muy influenciada. No es tu culpa, pero debes despejar las dudas del sentido de existir por el simple hecho de que no tienes posibilidad de acercarte a ese conocimiento desde la razón. Debes tener fe en el mensaje de los que consiguieron ese punto de iluminación. La certeza de si esa fe es acertada o equivocada no la vas a tener nunca. Sin embargo, puedes valorar la estructura vital que se conforma a partir de ella. En ese caso verás que la vida cobra todo el sentido que necesitas para mantener la felicidad de tu espíritu. Quizá esa sea la pista que nos confirme que circulamos por el camino acertado.

Puede que necesite esa fe que me dice. En algunas religiones insisten en que la fe es un don que nos llega.

La fe es una idea a la que le damos la fuerza y energía suficiente para que impregne nuestro ser en la dirección de sus premisas. Requiere todo un proceso de comprensión, afirmación, aceptación y consolidación. Si quieres, la próxima vez que hablemos podemos tratar este tema que es muy interesante.

Me encantaría, disfruto y aprendo mucho con nuestras conversaciones. Muchas gracias por ayudarme tanto a crecer.

No me las des, es la forma en la que puedo hacer todo esto de lo que te he hablado antes. Disfruta ahora del Té que ya estará más que frio.

Seguro que lo disfruto más que nunca.

 

 
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