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Ego PDF Imprimir E-Mail
Escrito por F.J. Soriano   
Monday, 25 de January de 2010

Criticado como entidad nos olvidamos que el ego no es diferente de lo que somos. No consiste en una parte añadida a nuestro ser, es una de las muchas manifestaciones de nuestro ser pero con una presencia desproporcionada. Casi el 100% de los elementos que nos producen satisfacción están directamente relacionados con esa imagen que tenemos de nosotros.

Somos felices por situarnos en un punto ideal de un camino prefijado, por nosotros o por los demás.

La difícil y aparentemente árida felicidad del espíritu solitario es una falacia también añadida por el miedo de nuestro ego a desaparecer, por el proceso natural de crear obstáculos a todo aquello que nos induce a la desaparición.

Esto puede enseñarnos que la vida, a toda costa, intenta mantenerse. Sin embargo, hay casos, situaciones, en las que la vida decide desaparecer.

Quizá una buena forma de comprender lo ilusorio del proceso, de dejarlo desprovisto de su armazón de generalidad pudiera ser el darnos cuenta de que, en ocasiones, la pauta no se mantiene. Algunas personas se suicidad por múltiples motivos, algo impensable para el reinado del ego y de la vida que quiere perdurar a toda costa.

¿Son entonces el ego y la vida los que intentan perdurar a toda costa, o nos encontramos ante un proceso que necesita de elementos motivadores para su continuación? Desaparecidos los elementos motivadores, la vida comienza a ser irrelevante y una parte busca la no vida.

Extraña dicotomía: a veces la vida quiere seguir y a veces la vida decide no hacerlo. Vida y proceso son alteraciones del espíritu en su manifestación terrena, tangible, existente.

Vivimos porque nos hemos materializado en procesos de fusión energética que han densificado un aspecto de lo que en realidad somos. Nuestra conciencia se nutre de ser el vínculo de nuestra materia con lo que no lo es, no es un proceso del pensamiento. «Somos conscientes» no es igual a «comprendemos». Lo uno requiere del espíritu, lo otro requiere de la razón.

La conciencia como proceso es una manifestación que surge y se deshace, si queremos apresarla se diluye en el espacio, quizá porque la razón no tiene en el fondo un poder real sobre la existencia de este elemento que convive con ella.

Razonamos y en esos razonamientos, encontramos pautas que nos aproximan al sentido de vivir, aunque aparentemente, dado nuestro destino a morir, la vida no tiene un sentido real. Es nuestra mente la que lo necesita, es nuestro ego el que construye un mundo de ideas en el cual permanecer perenne.

 
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